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Mariano y Antonio, de chicleros a actores de Netflix

En la selva maya de Carrillo Puerto, Quintana Roo, a 25 kilómetros de la cabecera municipal, se ubica la comunidad de José María Pino Suarez. Pueblo maya dedicado al trabajo en la milpa y, especialmente, al chicle como su principal fuente de ingresos.

Con una población aproximadamente de 225 personas, esta localidad es cuna de dos grandes hombres. Hombres que gracias a su esfuerzo, trabajo y dedicación alcanzaron lo que muchas personas anhelan, salir en la televisión.

Mariano y Antonio Tun Xool, son hijos de don Gregorio Tun y doña Gregoria Xool. Hermanos mayores de la familia compuesta por 6 hijos más. Nacidos orgullosamente en la comunidad maya.

Desde niños se dedicaron a trabajar el chicle y la milpa. Su padre fue quien inculco a los hermanos Tun Xool el arte de picar los árboles de chico zapote para obtener su resina que más tarde convierten en chicle. Esta actividad ha hecho de estos hombres, personas de bien, honestas y luchadoras por salir adelante.

Mariano tiene 32 años, recientemente casado pero sin hijos. Antonio a sus 35 años es casado y tiene una familia con 2 hijos. Ambos dedicados a velar por el bienestar de sus familias y salir adelante a base de su oficio como chicleros.

Estos hermanos en temporada de chico zapote, producen hasta 10 kilos de chicle sin contar con grandes herramientas. Para la recolección de la resina solamente requieren de un machete, mecate, espolones especiales para trepar los arboles y el sabucán para almacenar el producto. Una vez terminada la recolección, lo siguiente es la cocción. La cual realizan desde la comodidad de su casa, utilizando leña, fuego y un caldero únicamente.
El producto final lo trasladan hasta la comunidad de Señor, a 4 kilómetros de su pueblo, allá les compran el chicle a $75 pesos el kilo, es decir, que al día solamente ganan 750 pesos para sobrevivir.

Este ha sido el trabajo de Mariano y Antonio desde siempre, sin embargo, lo que nunca imaginaron es que por dedicarse a esa actividad saldrían en la televisión y mucho menos que participarían como actores en una película de Netflix.

El día que les cambio la vida.

La familia Tun Xool se encontraba en su humilde casa, como de costumbre. Mariano y Antonio apenas habían regresado del monte y se disponía a cocinar su chicle. Prendieron el fuego, colocaron el caldero encima y luego vaciaron la resina para iniciar con la cocción. Se encontraban platicando entre ellos cuando sorpresivamente, frente a su domicilio, se estacionó un autobús y 2 más se parquearon en el parque del pueblo.

No entendían que era lo que sucedía, estaban confundidos. Ignoraron la situación y continuaron en lo suyo. 2 minutos después, escucharon que una voz llamaba a su puerta: “Buenas tardes”, escucharon atentos pero sin saber que hacer. Fue don Gregorio quien atendió al llamado.

Lo primero que observo fue que era una mujer la que había hablado, pero no estaba sola, la acompañaban otras personas con cámaras y mochilas, el señor no sabia como reaccionar.

La dama se presentó, dijo llamarse Yulene, ser directora de cine y estar buscando a Mariano y Antonio Tun Xool. Para don Gregorio fue raro escuchar eso, no entendía de que estaba hablado la mujer, lo único que comprendió es que estaba interesada en sus hijos.

Sin más, el hombre informó a sus hijos que afuera los estaban esperando. Los muchachos tampoco entendían que sucedía pero fueron a atender el llamado. Yulene se presentó de nuevo y dijo que el motivo de su visita era para invitarlos a hacer una película. Mariano y Antonio solo se rieron entre ellos.

La directora pudo notar la confusión de los hermanos, pues era algo nuevo e inesperado para ellos, algo que nunca había paso por su mente. Para aclarar la situación, la mujer explicó con mas detalles la propuesta que les estaba haciendo.

Mariano y Antonio invitaron a las personas a pasar a su casa para poder platicar. Accedieron a la invitación y se adentraron al domicilio. Grata fue la sorpresa de la directora cuando se dio cuenta que los hermanos estaban ocupados en pleno proceso de producción del chicle y con gran alegría expresó que ese era el motivo de su interés porque ellos participaran en su nueva producción cinematográfica.

Yulene explicó detalles como la historia de la película, los tiempos de grabación, el elenco y lo más importante el sueldo que obtendrían como actores. Escucharon atentamente y fue así que lograron comprender lo que acontecía.

Antonio sin pensarlo aceptó porque para él “es bueno tener nuevas experiencias chingonas”. Pero había alguien que se negaba ante esa decisión, su mujer. Ella no quería que su esposo acepte por miedo a que le vaya pasar o le hagan algo malo, pero Antonio dijo que no le pasaría nada, que parecían “buenas personas” y la mujer accedió.

Mariano en cambio, no sabia que responder, estaba indeciso. Su esposa no decía nada al respecto. Su inseguridad era porque nunca había hecho algo así, para el era algo complicado. Al final, su hermano termino por convencerlo y aceptó.

Aun desconocían a lo que se enfrentaría realmente pero ya estaban dentro del elenco de la película.

Después de una larga platica, la directora y su equipo se retiraron mas que satisfechos, pues el objetivo de su viaje se había cumplido, tener actores nativos de la zona en su proyecto.

La experiencia de estar ante las cámaras.

Luego de aceptar la invitación para ser parte de la película, lo que venía para los hermanos era algo totalmente nuevo en sus vidas.

Pasaron por un proceso de casting en la ciudad de Chetumal que no influyo en su participación, puesto que los papeles que interpretarían ya eran seguros. Un mes después parte del equipo de producción llego de nuevo a su casa, el día de partir hacia las grabaciones llego. A pesar de estar conscientes de lo que les esperaba, los nervios y la emoción estaban a flor de piel.

Por un lado la felicidad de iniciar esta nueva aventura era grande pero por el otro, la tristeza de dejar a sus familias era notable. Nunca se habían separado por tantos días. Pero tenían presente que era una oportunidad para mejorar su situación económica, aunque sea por un tiempo. Tomaron algunas pertenencias, se despidieron y abordaron el auto que los transportaría hasta Carrillo Puerto, donde se reunirían con el resto del equipo para después trasladarse a las locaciones a iniciar el rodaje.

Estuvieron fuera de casa por 2 meses, aunque claro, iban y venían cada fin de semana. Fue complicado pero buscaron la manera de adaptarse y hacer un buen papel.

Lo mejor fue interpretar a sus personajes, Mariano a Hilario y Antonio a Jacinto, quienes también eran hermanos en la trama de la película. Eso les facilito actuar porque su conexión familiar era natural.

Lo difícil, según ellos, fue aprenderse de memoria un guion escrito en español y traducirlo en lengua maya al momento de actuar, a pesar de ser maya hablantes. Mariano y Antonio describen el estar frente a las cámaras como algo “chido”, porque aprendieron muchas cosas, desde como esta escrito lo que van a decir hasta como fingir una herida de bala.

El recuerdo más bonito que conservan es cuando grabaron una escena de muerte de Jacinto donde Hilario debía de llorar junto a él. Para Antonio (Jacinto) fue una sensación de sentimientos encontrados el escuchar a su hermanito llorar mientras él estaba tirado fingiendo su muerte pero a la vez evitando reírse para que la escena quedara bien y no los regañará la directora. “Escuché a Mariano y neta creí que si estaba llorando”, dijo.

Lo divertido, narra Antonio, “fue cuando Mariano se cayo a la laguna, estaban intentando cruzar al otro lado encima de una balsa pero iba con un caballo, el animalito perdió el equilibrio, cayo y volteo el barquito con todo y mi carnalito. Solo veíamos al caballito con su cabecita fuera del agua, no sabíamos que hacer y nos reíamos”.

Los hermanos Tun Xool afirman que están dispuestos a realizar otra película, les gusto toda la experiencia y el trabajo que realizaron. Además, dicen que lo harían porque el equipo de producción siempre les dio buen trato, los procuraba para que se sientan a gusto y cómodos. Y de eso están agradecidos.

Aseguran también que gracias a esa oportunidad pudieron solventar deudas económicas, mencionaron que tenían un sueldo de 6 mil pesos a la semana. Lo suficiente para que mantener a sus familias mientras ellos estaban fuera grabando.

De vuelta a la realidad

Mariano y Antonio Tun Xool hoy han regresado a su vida normal, a trabajar en el campo, a salir a leñar todas las tardes, a producir chicle en la temporada y a luchar por darle una vida digna a sus familias.

Hoy son las personas más aclamadas y reconocidas en la sociedad, su trabajo y humildad hablan por ellos. Formar parte de la película representa una etapa en sus vidas que nunca olvidarán. Fue algo que nunca se imaginaron hacer, pero hoy pueden decir que lo lograron con solo haber estudiado la primaria.

Agradecen la oportunidad, agradecen el tomarlos en cuenta sin ser alguien importante y están satisfechos de lo que aportaron a la producción.
“No fue algo fácil, al verlo en la tele pareciera que si pero no lo es. Es mucho trabajo pero cuando lo haces de corazón ni cuenta te das”, expresaron.
Ahora están a la espera de ver volver a la directora Yulene con el CD de su película Selva trágica, como se los prometió.

 

“Selva Trágica”

La película está centrada alrededor de la industria chiclera mexicana del siglo XIX, en 1920. Narra la historia de una joven que escapa, de un matrimonio concretado, internándose en la profundidad de la selva Maya, donde no hay ley y los mitos prevalecen. Allá un grupo de mexicanos trabajadores del chicle cruza su camino con Agnes, una misteriosa joven beliceña. Su presencia provoca tensión entre los hombres, avivando sus fantasías y deseos. Con vigor renovado enfrentan su destino, sin darse cuenta que han despertado a la Xtabay, una antigua leyenda que acecha desde el corazón de la selva.

La Rio Hondo sirvió como el escenario perfecto para la grabación de la obra, bajo la dirección de Yulene Olaizola y la producción de Rubén Imaz, Pablo Zimbrón Alva y Juanelo Hernández.
El elenco estuvo conformado por Indira Rubie Andrewin, Gilberto Barraza, Mariano y Antonio Tun Xool, Gabino Rodríguez, Eligio Meléndez, Mario Canché y Dale Carley.

La directora Yulene Olaizola es una de las más aclamadas de América Latina. Para Selva trágica, su quinta película, vuelve a tomar el reto de filmar en lugares adversos, lo que la define como una cineasta singular y aventurera, dispuesta a llevar la cámara a lugares que muy pocos se atreven a explorar. Esta película fue realizada con una coproducción con Francia y Colombia, para Olaizola es su proyecto más ambicioso hasta el momento.

Esta película está disponible en la plataforma de streaming Netflix desde el pasado 09 de junio.

Fuente: Noticias Pedro Canché

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