EXPEDIENTE | MANUEL ZAVALA, ¿EL CABALLO NEGRO?
Cuando faltan 22 días –exactamente tres semanas— para que el partido Morena dé a conocer los nombres de sus 17 coordinadores estatales para la defensa de la 4T, o lo que es lo mismo, sus precandidatos a las gubernaturas, en Campeche de repente se apagó la euforia de quienes se adelantaron impulsando para ese puesto al alcalde carmelita Pablo Gutiérrez Lazarus.
¿Vino alguna contraorden de la dirigencia nacional y del mismísimo Palacio Nacional? ¿Hubo jalones de orejas para que no se anden brincando las trancas y tomando decisiones que aún se encuentran en análisis? Puede ser.
Lo cierto es que a Pablo le quedó grande el membrete. A más de un mes de su espuria designación, nunca pudo tomar el control de su partido, ni se ha esmerado en convencer a quienes no lo conocen, de que él puede encabezar la lucha de los morenistas para retener la gubernatura.
Se sabe que personal de la Secretaría de Gobernación realiza en Campeche algunos sondeos y encuestas entre la base militante y entre la población en general, para conocer las posibilidades reales que tiene cada uno de los aspirantes, y para identificar también si alguno de ellos tiene antecedentes de corrupción o de vínculos con grupos delincuenciales que pudieran impedir su postulación.
En El Carmen toda la población sabe de qué pie cojea Pablito. Saben de sus abusos de autoridad contra los ciudadanos, de su soberbia para conducir los destinos del Municipio, de sus vínculos con los giros negros de la isla que han aportado dinero para sus campañas, y también se están revisando sus cuentas públicas para confirmar los desvíos en que ha incurrido y los cuales no se han solventado.
Debe tomarse en consideración un hecho significativo: luego de que la gobernadora, sus incondicionales y sus esbirros organizaron un evento para designar a Pablo Gutiérrez como su coordinador estatal para la defensa de la cuarta transformación, no hubo entre la base militante verdaderas manifestaciones de apoyo; no hubo pronunciamientos de adhesión ni salieron prominentes personajes políticos para sumarse a su campaña.
Sí hubo una serie de selfies y felicitaciones de los mismos que ya se encuentran en el Gobierno, y que quieren mantenerse en la ubre, pero el pueblo, la base militante, los sectores duros del morenismo no se adhirieron al chilango que prefiere ser perro que campechano, lo que habla de su carencia total de identidad con los campechanos.
Con eso también se confirma que fuera de la isla del Carmen, Gutiérrez Lazarus es un perfecto desconocido, que no garantiza la obtención de votos para asegurar el triunfo de su partido. Es, por lo tanto, un candidato débil.
A este hecho hay que sumarle que operadores de Morena continuaron con la difusión de encuestas en las que Pablo ya no se encontraba en el primer lugar de las preferencias; se intentó rescatar las aspiraciones de Liz Hernández, colocándola como la favorita de los simpatizantes guindas y alentando incluso las aspiraciones de personajes como el senador Aníbal Ostoa, quien según la gobernadora, le dijo que ya no aspiraba a nada. Otros nombres que se han manejado incluyen a la diputada federal Rocío Abreu Artiñano e incluso al secretario de Desarrollo Económico, Jorge Luis Lavalle Maury.
No han incluido sin embargo a Manuel Zavala Salazar, quien hasta esta semana se desempeñaba como secretario de Movimientos Sociales del CEN de Morena, y quien, ante la salida de Andy López Beltrán, para buscar una candidatura a diputado federal por Tabasco, podría asumir su cargo en la Secretaría de Organización, y colocarlo en las ligas mayores de la política nacional.
No solo eso, la eventual promoción de Zavala Salazar lo pondría de facto en la carrera sucesoria, en el entendido de que él sí cumple con los requisitos que planteó la nueva lideresa nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes a saber: una trayectoria impecable, no tener antecedentes de corrupción, ni estar vinculado con grupos delincuenciales.
Zavala Salazar es un morenista químicamente puro, porque está en ese partido desde su embrión en el Partido Convergencia y que incluso fue uno de los primeros dirigentes morenistas. Vinculado en sus orígenes con la gobernadora Layda Sansores, fue uno de los que se distanció de ella ante las incongruencias de su Gobierno. Lo desterraron a la capital del país, y ha sabido ascender políticamente por méritos propios.
No se ha quedado tampoco de brazos cruzados, porque desde hace varios meses trabaja en la construcción de sus estructuras de apoyo sobre todo con la base morenista que fue desplazada por las preferencias de la gobernadora Sansores para con los foráneos.
Su activismo soterrado fue causante de aquella explosión de la señora Sansores al considerar “una falta de respeto” que ya hubiera personajes morenistas moviéndose rumbo a la sucesión, cuando ella apenas iba traspasando la mitad de su Gobierno.
Ante la falta de cuadros morenistas que realmente convenzan a la base, no hay que perder de vista a Manuel Zavala. Tiene defectos ciertamente, pero no se comparan al negro historial de Pablo Gutiérrez, ni a la sumisión incondicional que representaría Liz Hernández, para dar continuismo al Gobierno fallido de la señora Sansores San Román.

