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Inició el secuestro de nuestra democracia: Lirio Suárez

Ahorcamiento de instituciones autónomas y exclusión de la sociedad en toma de decisiones, riesgos que la empañan

La intromisión del aparato de Gobierno en los órganos electorales, el ahorcamiento financiero a las instituciones autónomas y la exclusión de la sociedad en la toma de decisiones, son acciones que deben despertar la alerta de la sociedad organizada, pues son la señal del incipiente secuestro de nuestra democracia, advirtió Lirio Suárez Améndola, exconsejera presidenta del Instituto Electoral del Estado de Campeche (IEEC).

En su intervención durante el mitin realizado en la Puerta de Tierra tras la “Marcha por la Democracia”, alertó: “Nuestra libertad está en riesgo. El ejercicio de las libertades y de los derechos humanos sólo subsisten en las sociedades democráticas, y no sobreviven en regímenes autoritarios”.

“La libertad de sufragio efectivo, de credo, de expresión y de prensa y de asociación, los derechos cívicos, económicos o culturales, se irán evaporando poco a poco si no cuidamos nuestra incipiente democracia”.

Creer que los derechos están garantizados y no es necesario cuidarlos, protegerlos o luchar por ellos, es una equivocación. “Si queremos dejar un futuro mejor para nuestros hijos, es el momento de luchar y sin tregua”.

“Es nuestro deber a partir de ahora, vigilar el desarrollo de cada una de las etapas del proceso electoral: las campañas, la jornada electoral y el cómputo de nuestros votos”.

No nos dejemos llevar por la idea romántica de que el proceso electoral es una fiesta cívica, porque puede terminar mal. Es un proceso fundamental de la democracia donde deben imperar los principios de la función electoral: certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, objetividad y máxima publicidad.

“La opacidad, la lucha de intereses particulares por encima de los colectivos, la lucha por el poder de destruir en lugar de construir, la violencia, la intromisión de poderes ajenos o del crimen organizado, son riesgos que empañan nuestra democracia”.

La única forma de proteger y defender nuestra democracia es ejerciendo los derechos consagrados en la Constitución y los tratados internacionales, cumpliendo con los valores cívicos de la sociedad y exigiendo que nuestra democracia sea progresiva y no regresiva.

“Participar no es salir a votar cada tres años y esperar pacientemente a que las cosas cambien, porque un Gobierno democrático no tiene más legitimidad por el número de votos obtenidos o por la aceptación popular o por el culto a la personalidad del gobernante. Un Gobierno democrático se legitima por cuantas más libertades pueda ejercer el pueblo”.

Las dádivas ante la falta de libertades económicas, no es democracia; la falta de medicamentos en aras de una austeridad mal entendida, no es democracia; silenciar de cualquier modo a quienes ejercen la libertad de expresión y de prensa, no es democracia, y excluir a quienes se vuelven incómodos en un sistema lleno de violencia y opacidad, no es democracia, aseveró.

Suárez Améndola dijo que si queremos un mejor país, donde todas y todos podamos vernos con igualdad y la paridad esté presente en cada sector, donde la inclusión signifique convivir todas y todos en armonía sin cuestionar nuestras diferencias, sino enalteciendo nuestras semejanzas, debemos luchar por nuestra democracia.

Para que florezcan los derechos humanos, debemos fortalecer y enaltecer los derechos políticos electorales que dan fuerza y valor a la democracia.

“La democracia no es realmente efectiva si no da a los gobernados el poder de decidir el destino del país, si no se permite que la sociedad participe y se deja a los gobernantes que tomen las decisiones que deben competer a la ciudadanía”.

Si bien la forma de Gobierno en México es a través de la democracia representativa, eso no significa que nuestros representantes puedan actuar al arbitrio y de forma caprichosa al margen de la ley o torciéndola para cumplir sus propios fines.

La creación de leyes a modo para favorecer a unos cuantos por encima de la mayoría, no es la forma en que nuestra democracia debería funcionar.

Defendamos los valores democráticos por los que hemos luchado en las últimas cinco décadas, y que hoy vemos mermados y a punto de ser arrebatados de nuevo de nuestras manos.

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