Fideliana
Esa advertencia – o más bien amenaza— ¿quiere decir que Layda Elena no va permitir por ningún motivo que gane algún candidato (a) de la oposición y que hará todo lo posible por aniquilar a sus adversarios?
Don Fidel Velásquez Sánchez, líder sempiterno de la Confederación de Trabajadores de México hasta el día de su muerte, fue considerado uno de los más célebres dinosaurios del viejo régimen.
Ingenioso y dicharacharero como era, también fue un férreo defensor del predominio del entonces todopoderoso partido tricolor. Por eso, cuando se percató de los avances de la oposición en varios estados, quiso blindar a la Presidencia de la República, y entonces pronunció una de sus frases célebres: “A balazos llegamos y los votos no nos sacarán”.
La gobernadora de Campeche, Layda Sansores San Román, quien por su edad –cumplirá 81 años en agosto– ya entra en la categoría de dinosauria del actual régimen, no se quedó atrás, y al igual que el vetusto líder obrero, advirtió a la oposición campechana, que día a día gana más terreno, que “nadie nos va arrebatar lo que se construyó con sudor, sangre y fuego”.
Es, indudablemente, una frase que dibuja a la perfección el autoritarismo que subyace en el ánimo de la mandataria, y su rotundo rechazo a la democracia, a la pluralidad y a la transición democrática.
Hay también un elevado sentido de patrimonialismo del poder. Es decir, la señora Sansores cree que el Gobierno del Estado es de su propiedad, o que le pertenece en todo caso a los morenistas (aunque esto último suene más demagógico), y que no está dispuesta a ceder ese patrimonio que considera suyo, así el caudal de votos decida que Morena ya no debe seguir gobernando a la entidad.
Esa advertencia – o más bien amenaza— ¿quiere decir que Layda Elena no va permitir por ningún motivo que gane algún candidato (a) de la oposición y que va hacer todo lo posible por aniquilar a sus adversarios?
¡Aguas con los dichos de Layda Sansores! Porque expresan sus verdaderas intenciones ante el proceso electoral que se va desarrollar el año venidero.
Por lo pronto ya violó las leyes electorales, al entrometerse ilegalmente en la decisión de quién “quieren” los morenistas campechanos que sea su candidato. En horarios oficiales de trabajo, encabezó una reunión partidista, en un edificio gubernamental y en su calidad de militante-gobernante, expresó su intención de no permitir que les arrebaten el poder.
Es una señal peligrosa sin duda alguna. Lo deberían reflexionar no solo las autoridades electorales estatales, sino sobre todo en Palacio Nacional.
No puede permitirse que una gobernadora que abiertamente ha violado cuantas disposiciones legales ha podido, se mantenga en el poder, en medio de un proceso que será muy cerrado, y en donde la previsión es que el pueblo aplique un ejemplar voto de castigo. Aunque ahora nos dice la gobernadora que a pesar de esos votos, ella no está dispuesta a dejar el poder. Y eso es muy, muy peligroso.

