¡Basta de victimización! Aceptar un cargo sin estar capacitado TAMBIÉN ES CORRUPCIÓN.
Adda Solis, el fracaso del oportunismo político en Campeche.
Es imperativo dejar de confundir la ambición desmedida con vocación de servicio. Que no se intente manipular a la opinión pública: la funcionaria en cuestión no es víctima de ningún complot ni de sus detractores; es, simple y llanamente, rehén de sus propias limitaciones y de un oportunismo que la ha llevado a saltar de partido en partido buscando, de manera exclusiva, su beneficio personal.
Su trayectoria reciente es un catálogo de improvisación que ha costado caro a nuestro estado:
La traición al sector privado:
Al frente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), ignoró por completo las verdaderas necesidades del gremio. Su gestión no fue más que un vulgar trampolín político, reduciendo a una institución seria a ser una simple comparsa de la gobernadora en turno.
La frivolidad en la Secretaría de Turismo:
Lejos de asumir la investidura con la gravedad que exige el cargo, administró la dependencia con la ligereza de quien organiza una fiesta infantil.
Amparada en su característico histrionismo y una soberbia injustificable, desmanteló equipos de trabajo funcionales y despidió a profesionales capacitados. ¿Su objetivo? Rodearse de perfiles mediocres cuya única habilidad probada es la sumisión y la adulación sistemática.
El servicio público no es un reel de TikTok
Aceptar un cargo público sin poseer la mínima preparación técnica, académica o ejecutiva no es una anécdota; es un acto de profunda corrupción. Y esa corrupción estructural quedó al desnudo durante la farsa de las comparecencias y gracias a la pericia de la Diputada Mónica Fernández Montufar.
Ayer no presenciamos un linchamiento, presenciamos el peso aplastante de la realidad. Fue exhibida y vapuleada, no por odio, sino por su absoluta falta de argumentos frente a mujeres profesionales que sí poseen el rigor y la capacidad que el ejercicio politico demanda.
Cuando un funcionario ni siquiera tiene la aptitud para leer de corrido su propio guion, queda expuesto como lo que verdaderamente es: el eslabón más débil, negligente y perjudicial de la administración. Aquí se exigen datos, cifras, criterios y habilidad política, herramientas de las que carece por completo.
El fin de las excusas de bajo presupuesto.
Basta ya de instrumentalizar la maternidad o de escudarse en el falso romanticismo de la “mujer luchona” para justificar la ineptitud.
La victimización es un recurso retórico economico que podría tolerarse para encubrir fracasos en el ámbito estrictamente privado. Pero en la función pública es un insulto a la ciudadanía.
Quien asume un cargo estatal —sea hombre o mujer— cobra por cargar sobre sus hombros el peso de los intereses, el presupuesto y el futuro de los campechanos. Está ineludiblemente obligado a la rendición de cuentas y a la excelencia.
Campeche no es un salón de juegos, ni sus instituciones son agencias de colocación para improvisados. Es momento de exigir dignidad, preparación y resultados a quienes pretenden gobernarnos, que se investigue y se le juzgue como marca la ley.
¿Ustedes qué opinan de su desempeño? Los leo en los comentarios.
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