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EXPEDIENTE | INCERTIDUMBRE EN EL ÚLTIMO AÑO DE SANSORES

Con el pie izquierdo arranca la gobernadora Layda Sansores el último año de su desastrosa y corrupta Administración gubernamental: con 340 despedidos en la maquiladora Ammar II de Calkiní, y 700 desempleados más que se sumarán a la cifra fatídica en octubre, cuando cierra la maquiladora del Grupo Karims.

Son más de mil familias que enfrentarán la incertidumbre de un futuro gris, incierto, en un Estado gobernado por la ineptitud y la negligencia, y en donde las excusas y los pretextos, sustituyen a las acciones de Gobierno para enfrentar con propuestas a la adversidad.

Es sintomático constatar que el último año del gobierno de la señora Sansores, inició con un ‘puente’ laboral.

Es decir, se envió a los funcionarios y empleados de Gobierno a sus casas, se pidió a los maestros que se tomen dos días de descanso por haberse “agotado” en los desfiles del 16 de septiembre, y hasta los juzgados se subieron al tren de la flojera, por lo que cancelaron las audiencias programadas para el jueves 17 y viernes 18 de septiembre.

¿Puede haber prueba más contundente de que lo que menos ha hecho el Gobierno de la señora Sansores es trabajar?

¿Pretende contrarrestar el gobierno de Layda Elena el rezago educativo, autorizando ‘puentes’ prolongados a los maestros? ¿Con menos días de clases vamos a escalar en las evaluaciones de la prueba Pisa? ¿Con ausentismo escolar mejorará la comprensión lectora, así como las calificaciones en matemáticas y ciencias?

Creemos que no.
Y afirmamos que es una monumental irresponsabilidad de la gobernadora Sansores, alentar la inactividad gubernamental con el pretexto de aparecer como una “tía buena que consciente a sus sobrinos”.

Qué bueno que los colegios privados, y la mayoría de las instituciones públicas de educación media superior y superior desobedecieron la orden de la gobernadora para dar descanso a los maestros y alumnos. Qué bueno que no todos padecen la misma locura.

Porque con esta displicencia con que se atienden los temas de la economía y la educación, de la misma forma se priorizan los rubros de seguridad y de salud pública.

A pesar de los recurrentes discursos de autocomplacencia en que la gobernadora Sansores y sus corifeos repiten que Campeche sigue siendo uno de los estados más seguros del país, la realidad los desmiente todos los días con las ejecuciones, los asaltos, las extorsiones, las violaciones, las desapariciones y otros delitos de alto impacto.

La gobernadora Sansores llegó incluso al descaro de presumir que el 63 por ciento de los campechanos cada día se siente más inseguro, lo considera un logro importante de su administración, pese a que en Coahuila esa misma percepción es del 27.8 por ciento, en Yucatán del 35.5 por ciento, y en Aguascalientes, del 45 por ciento.

¿Se puede presumir que Campeche es de los estados con mayor percepción de inseguridad, como lo hace la gobernadora Sansores? Claro que sí. Sobre todo si persiste la sospecha de que hay alianzas con grupos delincuenciales.

En el tema de salud tampoco hay buenos resultados. Las quejas por desabasto de medicamentos en el hospital de oncología se mantienen sin que les ofrezcan solución alguna. Y no se diga del pésimo servicio que se brinda en el IMSS, en el Issste y en los centros de salud a cargo del estado. No hay médicos ni medicinas. Ni siquiera algodón y alcohol para lavar heridas. La salud es un desastre.

Por eso espanta que la presidenta Sheinbaum haya anunciado en Campeche que se abrirán 12 mil consultorios gratuitos en el país, de los que 186 estarán en los diferentes municipios de Campeche. Serán, sin duda alguna, consultorios fantasmas.

Y así, con este panorama adverso, la gobernadora Sansores arrancará mañana lunes, los últimos 360 días de su mandato, con más rencores y resentimientos que propuestas para sacar al buey de la barranca, y con un equipo debilitado que le ha dado la espalda, para tratar de encaramarse en quien suponen que será el próximo gobernador.

No se avizora un cambio de rumbo, ni se espera que la señora Sansores intente enmendar sus errores y concentrarse en gobernar bien a Campeche en estos casi 12 meses que le quedan.

Estamos ante un Gobierno fracasado, el peor de la historia, y con la gobernadora peor calificada de las últimas décadas. Hemos vivido un lustro perdido, extraviado, desperdiciado, en donde el odio y la venganza sustituyeron al ansia de servir y trabajar por el pueblo.

Lo bueno, es que ya falta menos para que acabe la pesadilla sansorista.

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