COSTOSA OCURRENCIA
Si el Gobierno realmente quiere hacer obras de beneficio ciudadano. Debería prestar atención a lo que dice el pueblo y no a lo que reclaman sus intereses.
El anuncio de construir un teatro o auditorio en la explanada del llamado Foro Ah Kin Pech, no fue bien recibido por la ciudadanía campechana. Antes bien, ha causado el rechazo y el repudio generalizado por una razón bastante convincente: no es una obra necesaria y hay otras prioridades que deberían atenderse.
La inversión, estimada en 300 millones de pesos, que seguramente incrementará como ha sucedido en todas las obras de la 4T, es la más cuantiosa de toda la Administración laydista, y choca de lleno con el argumento o lamento, varias veces esgrimido, de que no hay dinero “ni para pagar la luz”.
¿Puede justificarse que un Gobierno solicite endeudamiento bancario por mil millones de pesos para promover “inversiones productivas” y que, por otro lado, derroche el 30 por ciento de ese monto en una obra faraónica que Campeche no necesita?
Espacios para que el público pueda disfrutar con comodidad de conciertos, obras de teatro u otras expresiones culturales, existen en la ciudad. El Teatro Toro, el Juan de la Cabada, el Renacimiento, el propio Centro de Convenciones o el teatro del IMSS, han servido para ese tipo de eventos sin problema alguno.
Desaparecer el Foro Ah Kin Pech, que es la única explanada a cielo abierto y con las dimensiones necesarias para conciertos masivos, es atentar contra una de las tradiciones campechanas de mayor arraigo popular. Lo peor es que se va destruir un espacio funcional, para construir nadie sabe qué tipo de inmueble.
Si la necesidad es gastar a lo tonto porque ya estamos en el año de Hidalgo, entonces hay otras prioridades que deberían atacarse. El acueducto de Hobomó como primera urgencia, pero también hay necesidad de abastecer con calidad a los hospitales, tanto de medicinas como de equipos. Hay carreteras estatales en condiciones deplorables, y ahora mismo, el puente de acceso a Isla Arena está a punto de colapsar por falta de mantenimiento.
Si el Gobierno realmente quiere hacer obras de beneficio ciudadano. Debería prestar atención a lo que dice el pueblo y no a lo que reclaman sus intereses. Sea porque ya hayan decidido que constructor va hacer la obra, pensando más en ‘cochinitos electorales’ que en el bienestar colectivo, o porque le urge dejar alguna obra pública que pueda ser recordada en el futuro como parte del legado de Layda Elena. Y en ninguno de los casos se justifica el derroche.
La lupa ciudadana está puesta sobre el proyecto. Esperemos que ahora sí, este Gobierno ineficiente, insensible, arbitrario y soberbio, escuche lo que dice el ciudadano, y realmente se interese en atender sus reclamos.
Retroceder o corregir el rumbo no debe ser vergonzoso para el poder público, sobre todo si quien encabeza el Gobierno, como es la señora Sansores enfrenta una de las peores evaluaciones ciudadanas de toda la historia. Nunca es tarde para tratar de hacer bien las cosas.

