EXPEDIENTE | OTRA CARICATURA DE INFORME LAYDISTA
La ceremonia oficial del “mensaje político con motivo del quinto informe de Gobierno” que encabezó ayer la gobernadora Layda Sansores en el Centro de Convenciones Campeche XXI, se ajustó estrictamente a lo que los campechanos esperábamos: si no hay obra pública, si no hay acciones de Gobierno, si no hay transparencia en el ejercicio de los recursos, tampoco por tanto había nada qué informar.
Y en efecto, no se informó nada. Lo ocurrido el sábado pasado fue una reunión de amigos de la gobernadora en que se aplicó el mismo formato que les “funcionó” en los cuatro años anteriores: la propia Layda Sansores en su calidad de maestra de ceremonias, divagando cursilerías para hacer que pase el tiempo, revelando intimidades de su familia, que la verdad a los campechanos no les importa y aprovechando el momento para hacer proselitismo a favor de sus candidatos.
No hubo un informe real. No fue una ceremonia republicana en la que se presentara a los campechanos el estado que guarda la Administración Pública estatal, en que se desglosaran los ingresos obtenidos en el ejercicio fiscal que abarca el periodo del informe, en que se detallara en qué rubros fueron aplicados esos ingresos, y en que también nos precisaran cómo anda el tema de la deuda pública.
La participación de los secretarios del gabinete, en mensajes grabados de antemano, fue escueta y repitieron lo que ya se había difundido en los spots institucionales que desde hace dos semanas saturan los espacios públicos.
Tanto se habló durante todo el año sobre la falta de recursos para pagar salarios, prestaciones y hasta la luz de los edificios públicos, que era necesario que en el “informe” nos aclararan cuál es la situación económica en estos momentos, cómo andan las finanzas públicas, pues. Pero nada.
La señora Sansores se dedicó a romantizar un movimiento –el de 1997— que realmente no ha significado absolutamente nada para la historia de Campeche y que, como se ha probado históricamente, tampoco le trajo nada bueno al Estado. Se dice que ella, luego de vender el “movimiento” fue la única que salió ganando, porque recuperó el gasto de haber mantenido el plantón durante nueve meses en la Plaza de la República.
Si realmente ese movimiento hubiera significado algo para Campeche y los campechanos, que nos diga la gobernadora Sansores ¿cuántos de esos “guerreros del 97” están en su gabinete? ¿A poco Marcela Muñoz, Jezrael Larracilla, Juan Pedro Alcudia, Luis Ángel Hernández, Bernhard Rehn, Erick Reyes León y otros foráneos estuvieron todos los días en las protestas por el “fraude electoral” de 1997? Claro que no.
Y ahora que la presidenta Sheinbaum está exigente con los derechos de las audiencias, debería ordenarle a la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, que deje de mentir. Porque es falso, totalmente falso, que a raíz de las protestas por el “fraude electoral” de 1997, se hubieran registrado muertos durante los enfrentamientos con la policía. No hubo ninguno.
Lo que de verdad fue patético fue exhibir de esa forma la inutilidad del ex embajador de México en Guatemala, don Romeo Ruiz Armenta. ¡No sabe ni siquiera cómo encender la estufa! Y conste que hemos tomado literalmente lo dicho por la gobernadora y no nos fuimos por el lado de las interpretaciones, porque resulta que sí es bueno calentando el café.
Traer a la memoria a sus hermanos fallecidos, ponderar virtudes inexistentes de su hermanita Laura, recordar a su edad –81 años—a su abuelita, fallecida hace ya varias décadas, no es propio de una gobernadora que debería ceñirse a informar estrictamente lo que hace y deja de hacer en su desempeño público.
Pero se insiste, si como gobernadora no ha hecho nada bueno por el pueblo campechano, entonces se entiende que se dedique a perder el tiempo hablando banalidades sobre su familia, sus hijas, sus nietas, su abuelita y su amante legítimo.
De pena ajena fue lo ocurrido ayer en el Centro de Convenciones, en donde por cierto no se pararon ni las moscas. De invitados especiales, solo acudió el gobernador de Yucatán, Joaquín Díaz Mena, y el exgobernador Abelardo Carrillo Zavala, que es un ajonjolí de todos los moles, aunque en ningún lado respeten.
No hubo emisarios del Gobierno Federal, no acudieron prominentes empresarios de la iniciativa privada, tampoco estuvieron representantes de las denominaciones religiosas, ni tampoco hubo pluralidad en cuanto a partidos pues no acudió ningún líder o siquiera algún diputado de la oposición.
Fue pues, una “reunión de amigos” de Layda Sansores, en el que quiso adular al exalcalde carmelita Pablo Gutiérrez Lazarus, pero ni siquiera los “amigos” de la gobernadora le prodigaron alguna discreta ovación, una prueba más de que ni siquiera ellos lo quieren.
De pena ajena entonces, el “informe” de la gobernadora Sansores. Lo bueno, sin embargo, es que ya es el penúltimo, que ya le falta menos para marcharse para siempre, y que a partir de mañana se ausentará de Campeche por dos semanas para irse a Holanda a visitar a sus hijas y nietas. Que le vaya bien, sin duda alguna que en Campeche prevalecerá la paz y la tranquilidad con su ausencia.

