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EXPEDIENTE | EL ACARREO COMO ESTRATEGIA DE AUTOENGAÑO

Si algo quedó claro a raíz de las movilizaciones del domingo pasado en las capitales de los estados, para que el Gobierno y el partido en el poder demostraran fuerza y músculo, sobre todo ante la óptica internacional, es que ya se esfumó el encanto que había entre el pueblo y sus gobernantes. Ya se perdió la conexión, ya no hay respaldo incondicional.

A estas alturas, ni los chairos más radicales se mueven por su cuenta, ya nadie acude voluntariamente a esos eventos, y sobre todo, ni siquiera tienen idea de lo que van a hacer, qué van a aplaudir y si les preguntan, a quién tienen que defender.

El domingo pasado por ejemplo, a la gran mayoría de los acarreados se les dijo que el mitin iba a ser presidido por la presidenta Claudia Sheinbaum, es decir, que ella estaría presente en la Concha Acústica. No les dijeron que iban a ir a aplaudir a una pantallota y a escuchar las mismas sandeces de la gobernadora.

Los “operadores” políticos de Morena en las colonias, los pueblos, los ejidos y las comunidades, que son los “siervos de la nación”, se encargaron de visitar principalmente a los beneficiarios de los programas sociales. No les preguntaron si podían asistir. Les dijeron que tenían que estar presentes en el evento del domingo, y que ellos se encargarían de proporcionarles transporte y alimentación. Los que tuvieron suerte, o les tocó un “líder” no tan corrupto, recibieron su sobrecito con 500 pesos.

A los empleados de Gobierno también los obligaron a asistir. Como “premio” les prometieron un día de asueto al día siguiente, pero quienes no acudieran iban a estar en la “lista negra” para ser despedidos a la primera oportunidad. Los militantes de Morena fueron acarreados VIP, porque a ellos sí les entregaron su sobrecito completo.

Lo que llama la atención es que ni así lograron realizar en Campeche un evento decente. Escogieron la Concha Acústica como sede del mitin por la protección que les brinda el domo —construido por Alejandro Moreno Cárdenas— ante las lluvias que se han registrado en los últimos días.

Inaugurado oficialmente el 18 de agosto de 2020 —durante el ‘repudiado’ Gobierno de Alito— el centro ahora conocido como “domo del jaguar” tiene oficialmente un aforo de dos mil personas, según el Sistema de Información Cultural del Gobierno de México, en el rubro correspondiente a “auditorios”.

Sin embargo, la gobernadora Sansores presumió, y así lo informó seguramente a su coordinación nacional, que al mitin en cita acudieron “más de seis mil personas”, algo que es físicamente imposible ante las modestas dimensiones del lugar.

Layda Elena mintió inflando los resultados de esa improvisada asamblea en la que si algo traslució, fue el desgano, apatía, desinterés y falta de enjundia de los asistentes, la mayoría de los cuales sólo se preocupó por responder a los pases de lista para demostrar que “cumplieron”, después se sentaron para disfrutar del ridículo que protagonizaron Layda Sansores y los integrantes de su gabinete, y apenas pudieron se pelaron.

Porque mientras una buena parte del Estado padecía los estragos de las inundaciones provocadas por las lluvias, Laura Sansores, Liz Hernández y Esteban Hinojosa rumbeaban al ritmo de canciones campechanas.

Mientras que más del 40 por ciento de la población se encuentra en algún nivel de pobreza, mientras el Estado se ubica en el último lugar de crecimiento económico, con un decrecimiento superior al 13 por ciento, mientras el desempleo formal sigue en aumento y la mayoría tiene que sobrevivir en la informalidad, y mientras el Estado se desangra en medio de ejecuciones, la gobernadora Sansores y sus colaboradores bailaron al son de “linda tierra mía” y cantaron con el “tenor del bienestar” las loas a la presidenta.

¿Y el pueblo? Alejado, distante, contemplando en silencio o con aplausos forzados, el júbilo de los que detentan el poder, o el ridículo de quienes aspiran a continuar en la vida pública, como Pablo Gutiérrez Lazarus, el “coordinador estatal para la defensa de la transformación”, a quien no se le paraban ni las moscas, hasta que el dirigente estatal de Morena, Erick Reyes, ordenó a sus huestes que acudieran a tomarse fotos con él.

Esteban Hinojosa fue otro de los precandidatos de Morena promocionados en el desangelado evento. Con esa gracia y simpatía que la naturaleza no le dio, se dedicó a fotografiarse con todo mundo, especialmente con jóvenes apuestos para presumir en sus redes.

El discurso de la gobernadora Sansores en el momento que la enlazaron con el evento nacional efectuado en el Monumento a la Revolución, estuvo plagado de ambigüedades y contradicciones. Por un lado, quejándose del abandono del Gobierno Federal y por otro agradeciéndole a la presidenta Sheinbaum “el amor” que le tiene a Campeche. Con la demencia senil nutriendo su oratoria, ya no se entiende qué es lo que dice la mandataria cuando le dan al micrófono.

Lo cierto es que en Campeche la limitada movilización fue un fracaso, y a nivel nacional ya no se engaña a nadie. Nadie cree en las palabras de Layda Sansores, así como nadie se tragó el cuento de que “todo el país” se movilizó en respaldo de la presidenta Sheinbaum y en defensa de la soberanía nacional. Los mexicanos ya están hartos de las mentiras y saqueos de Morena, y desean que se vayan.

Alguien debe decirle a Sansores y a Sheinbaum que el respaldo de los acarreados es como el espejo de la bruja de Blanca Nieves. Solo te van a decir lo que quieres escuchar, hasta que la innegable realidad te hace rendir y sucumbir. Y esa ya llegó.

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