OPINIÓN: LAYDA SANSORES Y LOS ABUCHEOS: COSECHANDO LO QUE SEMBRÓ | Por: Guillermo del Jesús Padilla Sierra
Paseíllo
¿Los abucheos que cimbraron el Estadio Nelson Barrera contra Layda Sansores fueron la reacción espontánea de un pueblo harto o una maniobra quirúrgica de sus adversarios? La gobernadora ya dictó sentencia desde su púlpito televisivo: en el “Martes del Jaguar” señaló a Adolfo Hellmund, dueño de los Piratas de Campeche, y a Movimiento Ciudadano como los autores intelectuales del escarnio. Hellmund calla. MC lo niega.
Los estadios no mienten. Son el último espacio que tiene el pueblo para emitir su veredicto. En 1986, el Azteca abucheó a Miguel de la Madrid en la inauguración del Mundial. No hubo “mapaches” ni acarreos: fue el saldo de la crisis, del sismo y de un gobierno rebasado. En contraste, Adolfo López Mateos recibía ovaciones en la Plaza México porque el milagro mexicano aún alcanzaba para repartir.
Layda gobierna hoy con 30% de aprobación. Es el sótano nacional. En la capital, la percepción de inseguridad se disparó de 49.7% a 69.3% en doce meses. En Ciudad del Carmen, el corazón económico del estado, 4,000 empleos se esfumaron por la deuda de Pemex con proveedores locales: 25,000 millones de pesos que no llegan mientras los hoteles cierran y los restaurantes bajan cortinas. La respuesta del gobierno estatal ha sido el silencio o el pleito. Y escoltas. Siempre escoltas. Layda recorre los municipios blindada, con un cerco humano que impide que cualquier ciudadano rompa la burbuja. El mensaje es inequívoco: le teme a su gente.
Por eso el abucheo del Nelson Barrera duele doble. Porque ocurrió en casa, en el estadio que lleva el nombre de un ídolo campechano y que hoy patrocina Cruz Azul. Porque Hellmund, el empresario acusado, compró a los Piratas en 2023 y en dos años los llevó de ser el peor equipo de la liga a disputar la Serie de Campeonato. Es decir: entregó resultados. La gobernadora, en cambio, entrega culpables.
¿Fue orquestado? En la política campechana todo es posible. El viejo PRI enseñó que una porra se compra y un abucheo se siembra. Pero reducir lo ocurrido a una conspiración es la salida fácil del poder cuando no quiere verse al espejo. Es más cómodo hablar de “perversidad” de Hellmund que explicar por qué tres de cada diez campechanos aprueban su gobierno. Es más rentable atacar a Movimiento Ciudadano que reconocer que el “Martes del Jaguar”, ese reality show semanal donde se ajustan cuentas, no alcanza para gobernar.
En el béisbol y en la política hay una ley no escrita: el aplauso se gana en el terreno. El abucheo, también. Layda está en la novena entrada de su sexenio. Y el marcador, no le favorece.

