Opinión

EL CABALLO DE TROYA VERSION JAGUAR PARA UN PUEBLO EN LA MISERIA: UNA CORTINA DE HUMO PARA CAMPECHE | Por Marco Antonio Bazán Mapen

Campeche hoy vive su propia tragicomedia mitológica.

Homero (no Bojorquez) narró en La Odisea un viaje interminable lleno de obstáculos, donde cada victoria parecía alejar más al héroe Ulises de su destino. Diez años perdidos en el mar por la soberbia de los dioses. Esa es la odisea campechana de estos cinco años: un viaje que no llega a ningún puerto, con un estado a la deriva entre inflación, alto índice delictivo, desempleo, calles destruidas y servicios de salud colapsados.

En la antigua Troya, el caballo de madera fue el engaño perfecto. Los troyanos celebraron un regalo que escondía a sus verdugos. Lo metieron ellos mismos por la puerta. Hoy, en Campeche, la metáfora se repite con un nuevo protagonista: el jaguar gigante que  la gobernadora Layda Sansores estrenará para su quinto informe que presentará el próximo 6 de agosto ante un Congreso de mayoría sumisa y servil, salvo raras excepciones.

Un monumento de millones de pesos, traído de noche, envuelto en lona como si fuera contrabando. Ese jaguar no es un símbolo de fuerza y orgullo. Es un distractor. Es el Caballo de Troya de la 4T campechana.

¿Y qué esconde dentro?

Esconde el fracaso de un modelo que ya vimos a nivel nacional. La misma fórmula de la 4T: pan y circo. Como en la Roma de Nerón, que incendiaba la ciudad y luego cantaba con lira para distraer al pueblo. O como en el Porfiriato, que hacía monumentos afrancesados mientras el país se moría de hambre.

Mientras el gobierno presume en sus carteles del 5to Informe que “Realizamos la Vaquería Peninsular con más de 5 mil asistentes” o que “Punta Xen es la mejor playa por descubrir” o que “Pusimos en marcha el Hospital de Ginecopediatría” -un hospital que en realidad fue construido por el Seguro Social y que el gobierno estatal solo inaugura como propio-, la realidad es otra.

La realidad es Chekubul, y Mamantel, pobladores bloqueando carreteras por falta de luz. Son parte del municipio de Carmen con más de 28 horas sin energía. Es  el Hospital Rural de Candelaria sin médicos. Es el pescador que no puede salir porque no hay diésel y el precio está por las nubes. Es el comerciante del centro que cierra porque no hay ventas.

El jaguar es la cortina de humo perfecta. Como el Tren Maya, que prometió prosperidad y trajo deuda y selva devastada. Como la refinería de Dos Bocas, que prometió gasolina barata y hoy la pagamos a 26 pesos. Como el AIFA, que prometió ser el mejor aeropuerto del mundo y está vacío.

Obras faraónicas, vacías, sin utilidad real, pero útiles para la foto y el show mediático.

Layda Sansores, que aparece en un video proponiendo “vulgar solución para pagar” deudas -sugiriendo que la gente venda o empeñe-, que posa con vestidos de terciopelo rojo tipo María Antonieta mientras el pueblo no tiene para la tortilla, encarna esa desconexión histórica. María Antonieta dijo “que coman pasteles”. Aquí nos dicen “que vendan lo que tengan”.

El caballo de Troya destruyó una ciudad desde adentro. El jaguar de Campeche no traerá prosperidad. Traerá consigo la evidencia más clara de un gobierno que entendió que no puede resolver el caos económico que provocó, y por eso prefiere construir monstruos de fibra de vidrio para que la gente se tome la foto.

Al final, los troyanos entendieron demasiado tarde que el regalo era una trampa. Ojalá los campechanos lo entendamos a tiempo en junio de 2027.

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