EXPEDIENTE | SE BURLA SANSORES DE SUS “GUERREROS” DEL 97
Cada vez que la gobernadora Layda Sansores San Román necesita recuperar un poco de su autoestima, recurre a sus “guerreros del 97” e inventa una narrativa de heroicismo que raya los linderos de la leyenda.
La historia, ese sabio juez que pone a todos en su lugar, se ha encargado de aclarar y desmentir las exageraciones de la señora Sansores y de sus achichincles en su intento de magnificar ese movimiento que, ciertamente se inscribió en una etapa del despertar cívico campechano, pero que no ha sido ni será el parteaguas democrático de que tanto se vanaglorian.
A casi tres décadas de ese suceso, solamente quedan 20 “combativos guerreros del 97” al lado de la gobernadora. Los llevó a su programa del pasado martes, y con su testimonio que incluye episodios ficticios, tratan de construir una narrativa de heroicidad.
Hablemos de uno de sus episodios ficticios: asegura la gobernadora Sansores que durante la represión del 19 de octubre hubo un saldo de “18 o 19 muertos”.
¡Recáspita! ¿Dónde están o dónde escondieron tantos cadáveres?
Quienes cubrimos ese acontecimiento del domingo 19 de octubre de 1997 nunca vimos una sola persona fallecida. Sí hubo descalabrados, intoxicados por los gases lacrimógenos, varios detenidos arbitrariamente y un exceso policial en contra de mujeres y ancianos.
Esa parte de la historia nadie la puede negar. Pero ¿18 o 20 muertos?
Lo que la señora Sansores no dice es que se trató de una acción premeditada y debidamente planeada por ella, pues necesitaba una víctima como estandarte para su exigencia de anulación de los comicios. Pero no hubo un solo muerto.
Prueba de que el enfrentamiento fue planificado desde la casa blanca del barrio de Guadalupe, es que fue Arturito Moo Cahuich, el secretario privado de la entonces senadora, quien se encargó de invitar a los medios de información locales y nacionales al mitin de ese domingo.
–“Algo bueno va a pasar” celebró anticipadamente Arturito.
Y sí, efectivamente, estiraron la liga hasta que la reventaron. Se dio la represión que buscaban y todos los que cubrimos el evento sufrimos los efectos de los gases lacrimógenos y muchos nos quedamos atrapados en medio de la trifulca.
Del lado de los “pacíficos laydistas” provino la provocación. Lanzaron decenas de piedras para romper varios paños de cristal del Palacio de Gobierno. Arrojaron palos y todo tipo de objetos contundentes contra los elementos policiales que resguardaban el edificio, y éstos respondieron como saben hacerlo: con exceso de violencia.
–“Todo era tan arbitrario” rememora ahora Layda Sansores sobre esos abusos policiacos, pero olvida que el pasado 8 de marzo, sus policías, al mando de su querida Marcela Muñoz, duplicaron la saña contra las indefensas activistas que conmemoraban el Día Internacional de la Mujer.
Las persiguieron por las calles del Centro Histórico, las bajaron de los vehículos en que se transportaban, incluso fueron arrestadas algunas personas inocentes que cenaban tranquilamente en algún local de la calle 59. Su único delito: portar el típico listón morado de la lucha feminista.
¿Puede hablar la gobernadora Sansores de arbitrariedad? ¡Claro! En estos cinco años se ha convertido en una experta en la materia.
Lo que Sansores San Román debería preguntarse es ¿dónde están los demás? ¿Por qué nunca se sumaron a la euforia de que “por fin” ganaron la batalla? ¿Por qué solamente 20 “guerreros” fueron a su programa del pasado martes?
La respuesta es simple y sencilla: por decepción.
“Valió la pena muchachos”, dijo Layda Elena a los escasos “guerreros del 97” que no se han decepcionado de su corrupto, nefasto y rapaz Gobierno, y que le siguen profesando amor o admiración por alguna razón.
Hay quien asegura que se trata de un “amor alquilado”, pues esos “guerreros” se convirtieron en “aviadores” y pasan a cobrar mensualmente a la Secretaría de Gobierno, una suma que ronda entre los 25 mil y los 50 mil pesos.
Cifra nada despreciable sobre todo si recordamos que sus beneficiarios son personas de la tercera edad. Lo malo del tema es que se trata de una aportación ilegal, o por lo menos irregular.
Ilegal porque no se encuentra contemplado en ninguno de los rubros del Presupuesto de Egresos e irregular, porque obviamente que no se apoya a todos los que de verdad lucharon por ella.
Al contrario, los campechanos fueron desplazados por foráneos, y los ideales por la corrupción, el nepotismo, el abuso de poder, el tráfico de influencias y los nulos resultados, que han sido el signo distintivo de este Gobierno.
Por eso la mayoría de los verdaderos “guerreros” están decepcionados. Y por eso no se sienten héroes, sino culpables de haber expuesto su vida por una farsante que con el paso de los años de convertiría en la peor gobernadora que ha tenido Campeche.
Y esta triste realidad para Layda y sus porristas no se borra con sus conmemoraciones románticas, exageradas, pero también inútiles.

