Opinión

PALADÍN DE LA INJUSTICIA

La “cuarta transformación” del Poder Judicial de Campeche ha sido sinónimo de perversión de la justicia. Se transformó, sí, pero en un instrumento para ejecutar las venganzas de la gobernadora Sansores.

Rindió su primer informe al frente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, el espurio Juan Pedro Alcudia Vásquez, en una ceremonia de genuflexión absoluta hacia la titular del Poder Ejecutivo del Estado, quien complacida por la lamida de sabañones, acabó liberando casi 17 millones de pesos para que el Poder Judicial pudiera cubrir las pensiones de retiro de sus magistrados jubilados.

No fue un evento de rendición de cuentas, pues los campechanos seguimos sin conocer el rezago en la solución de los expedientes en proceso, ni supimos del monto de los recursos que ha manejado y cómo se han distribuido a cada una de sus áreas.

Alcudia Vásquez, quien pasará a la historia como el más descarado proxeneta del Poder Judicial, debió enviar un mensaje pero para el perdón del pueblo campechano.

De perdón por haber prostituido a los magistrados y jueces del Poder Judicial, para obligarlos a firmar sentencias y resolutivos que se inscribirán en la antología de la sumisión hacia el Poder Ejecutivo.

La “cuarta transformación” del Poder Judicial de Campeche ha sido sinónimo de perversión de la justicia. Se transformó, sí, pero en un instrumento para ejecutar las venganzas de la gobernadora Sansores contra sus adversarios políticos y contra los periodistas críticos.

Es este Poder Judicial el que validó que se inhabilitara por 20 años injustamente a un exalcalde campechano, como estrategia para anularlo políticamente e impedir que compitiera para un escaño en el Senado. Solo de esa manera pudieron hacer ganar a quien fue candidato oficialista a ese cargo.

Este mismo Poder Judicial es el que resucitó la censura a la libertad de expresión. El que resolvió una sentencia que le prohibió a un periodista ejercer ese oficio por dos años, y que ordenó que un medio de información saliera de circulación por ese mismo lapso, por haber incurrido, según las juezas, en delitos de odio y de incitación a la violencia.

Este mismo Poder Judicial sacó de las entrañas de la era medieval la orden de que un medio de información y un periodista no pudieran publicar nada que no fuera previamente revisado por un tribunal inquisidor.

Y cuando magistrados federales con ética y respeto a su labor invalidaron con amparos esos resolutivos, ese mismo Poder Judicial ni siquiera emitió una disculpa pública por excederse de manera aberrante de sus funciones.

Y hay más casos de sentencias injustas emitidas con el único afán de complacer la soberbia y la sed de venganza de la gobernadora.

Ese es el Tribunal Superior de Justicia que tenemos los campechanos. Presidido por un poblano servil y rastrero que el día de su informe se la pasó dándole las gracias a la gobernadora por haberlo colocado en una posición inmerecida para transformarlo en el último paladín de la injusticia que permitiremos los que sí queremos a Campeche.

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