“Yo no construyo…”
Una Administración que no construye no genera derrama económica, y los saldos se observan con nitidez en los datos del Inegi: desplome del 52.7 por ciento en la industria de la construcción.
Estuvo la gobernadora Layda Sansores San Román en una reunión con socios de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), donde, una vez más, intentó “darle la vuelta” a la crítica situación que enfrenta ese sector, uno de los que más genera derrama económica… cuando los Gobiernos se dedican a trabajar y a hacer obra pública.
Porque hay que admitir algo que se ha demostrado históricamente: la industria de la construcción en Campeche está estrechamente vinculada al poder público; sea con obras del Gobierno de la República, del Gobierno del Estado o de los Ayuntamientos.
Cuando hay dinamismo en la actividad constructora, hay derrama económica y esto repercute necesariamente en todos los demás sectores, sea el comercial, la industria restaurantera, el pago de impuestos, etcétera. Cuando no hay obra pública, la situación es a la inversa.
Según el Inegi, la actividad industrial total en el Estado cayó -15.8 por ciento anual en cifras anuales de 2025, mientras que en construcción el desplome fue de -52.7 por ciento, uno de los más severos a nivel nacional.
Es, indudablemente, una cifra escandalosa y en ese dato ultra negativo mucho tiene que ver la gestión del Gobierno del Estado –de la gobernadora, pues—para que se tengan tan pero tan malos resultados.
No se vale ahora venir con excusas para esconder la realidad.
En su charla con los industriales, la gobernadora Sansores dijo una frase que lo revela todo: “Yo no construyo”, le dijo a los empresarios, y seguramente que se refirió a que ella no es socia de ninguna de las constructoras de la entidad, –lo cual no necesariamente es cierto, pues siempre hay vericuetos para sacar una buena tajada de las asignaciones—pero también admitió que su Gobierno ha sido deficitario en el tema de la obra pública.
Una Administración que no construye no genera derrama económica, y los saldos se observan con nitidez en los datos del Inegi: desplome del 52.7 por ciento en la industria de la construcción.
Quizá aún no sea tarde para tratar de enmendar el rumbo. Ha prometido la señora Sansores que el total de las obras que se realicen con los mil millones de pesos de la deuda pública, será para los constructores locales, y eso sin duda alguna que abre una luz de esperanza para no tener tan malos resultados estadísticos a finales de año, pero sobre todo, de ser cierto, va servir para dinamizar la economía.
Algo que por cierto, no se ha hecho en estos cuatro años y medio, pese a que se ha tenido más de 145 mil millones de pesos de presupuesto estatal, para generar esa derrama que tanta falta hace.
Esperemos que de esa reunión entre la mandataria con los constructores no solo haya habido abundancia de excusas, pretextos y promesas, sino que se note en los hechos que si hay verdaderas intenciones de componer las cosas.

