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EXPEDIENTE | MÁS MENTIRAS DE LAYDA PARA NO HUNDIRSE

En su programa del pasado martes, la gobernadora Layda Sansores confirmó que la desesperación le está ganando la batalla, que la calificación negativa a su Gobierno, a sus acciones y a su propia persona está fuera de control, y que a pesar de que presume que en Palacio Nacional la recibieron “requeté bien”, eso no significa que no le hayan llamado severamente la atención y que incluso le hayan ordenado que corrija el rumbo.

Pero ya sabemos que la señora Sansores tiene sus propias estrategias y su propia visión de la realidad, por lo que una vez más tiene que recurrir a las mentiras, o sus versiones fantasiosas, para tratar de negar lo que es innegable: que Campeche vive una crisis política, que su Gobierno se ha caracterizado por la represión, la censura, el acoso judicial contra sus adversarios políticos, y que los resultados de su gestión no se ven por ningún lado.

Una de las mentiras más obvias para maquillar su autoritarismo, ocurrió en el caso de la Universidad. Dijo que no metió las manos, y apuntó: “lo destituyó (al exrector Abud), el Consejo de la Universidad, yo ni me he parado por la Universidad, ni conocía quién es la persona que quedó y yo no di ninguna orden para que fuera aprehendido, ese día fue cumpleaños de Romeo y ni siquiera estaba…”

¿No conocía a Fanny Guillermo Maldonado?

Apenas unos días después de la imposición de Fanny Guillermo en la rectoría de la UACAM, esa misma Layda Sansores que hoy la niega como San Pedro a Jesús, decía de ella: “Ahora tenemos de rectora a una mujer muy reconocida, Fanny es maestra de grupo y fue notaria, pero fue también directora de la Facultad de Derecho, también estudió contabilidad, no, no, es un estuche de talentos y de virtudes y una mujer muy honesta y muy respetada”.
¿Por fin? ¿La conoce o no?

Si no tuviera nociones de ella, tampoco diría que es un “estuche de talentos y virtudes”. ¿O no?

Pero vale la pena insistir: es la desesperación total, porque Layda Sansores y sus asesores de imagen son de la vieja escuela Goebbeliana que postula que una mentira repetida mil veces, puede llegar algún día a generar la ilusión de que es verdad.

Es la misma situación con el acoso, persecución y censura contra los periodistas campechanos. Que no es solamente contra el exdirector de Tribuna, Jorge Luis González Valdez, sino contra al menos diez periodistas más que están sufriendo la persecución de su Gobierno.

En el colmo de su desesperación por aparentar que no persigue a nadie, la señora Sansores llegó a afirmar en su programa del martes pasado que no hay censura previa contra el periodista González Valdez, sino que él es quien se autocensura, lo que nos recuerda aquél sonado caso de finales de los noventa, en que la Fiscalia estatal, acusó al entonces líder pedemista Amado Salomón Rodríguez León, de “haber pagado para que lo mataran”.

Es ridícula y totalmente increíble la autodefensa de Sansores para tratar de recuperar un poco de la respetabilidad perdida.

Porque si a la mandataria campechana le ordenaron que ya no siga generando conflictos ni propiciando la fractura del “movimiento”, su respuesta es a la inversa, como se demuestra en la nueva agresión verbal contra el diputado federal Ricardo Monreal Ávila, a quien volvió a acusar que “tiene un chiquero desde su propia familia”.

La cita textual es la siguiente: “en primer lugar yo no me peleo con Monreal, yo solo le contesto a un exhorto que él hace, porque yo creo que él no tiene que andar exhortando nada, cuando él tiene serios problemas y un chiquero bien puesto desde su casa. El otro día dijo amor y no sé qué y ya, entonces amor y paz. Allá me quedé, ahí yo lo dejo…”

Con este tipo de reacciones, no es necesario inventarle nada a la gobernadora de Campeche. Solita se hunde cada vez más, y es su filosa lengua la principal causante de esta debacle política en que se encuentra. No son inventos de Tribuna, ni los presuntos escritos de Jorge Luis González Valdez, o los puntuales señalamientos de Joaquín López Dóriga.

Layda Sansores se agrede a sí misma cada vez que puede y se asume como gente chistosa o supone que sus ocurrencias tienen un respaldo popular, solo porque el complemento escénico del auditorio que la acompaña en sus grabaciones de los martes le aplaude y festeja sus barbaridades. Pero la realidad es otra y eso lo saben en Palacio Nacional, en donde ella presume que la reciben “requeté bien”, aunque quizá ya se estén tomando previsiones para prepararle una decorosa salida.

Lo lamentable de todo esto es que el mensaje reenviado el pasado martes en su programa, es que Layda Sansores no dejará de mentir, y que tampoco cambiará de estrategia para recomponer las cosas, y mucho menos que tenga intenciones de reorientar el rumbo.

No le importa “poner en riesgo el movimiento”, como sabiamente le aconsejó Ricardo Monreal. Layda seguirá siendo Layda, así hunda a quien tenga que hundir, incluso a su propio Gobierno y a su proyecto de sucesión. Pero allá ella y su mala cabeza.

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