LA SEÑAL DE JUDAS
En Campeche todos sabemos que Layda Sansores es una persona rencorosa, soberbia y arrogante, que nunca va permitir que un subalterno, ni cualquier mortal, se atreva a contradecirla…
La “asamblea del madruguete” que encabezó la gobernadora el miércoles pasado, que concluyó con el destape de Pablo Gutiérrez Lazarus como precandidato a la gubernatura, también sirvió de escenario para el retorno al redil del presidente de la Junta de Gobierno y Administración del Congreso del Estado, diputado José Antonio Jiménez Gutiérrez, así como de los 10 diputados que lo siguen.
No queda claro si el abrazo que hubo entre él y la gobernadora y la reincorporación de sus diputados rebeldes al oficialismo fueron parte de las negociaciones para que Pablo se quedara al fin con la anhelada candidatura, o fue el equipo de la propia Sansores –encabezados por el Cepillo Castillo Azar—quienes negociaron la restauración de la bancada morenista en el Congreso.
Lo que sí es cierto es que ninguno de los dos pudo convencer a nadie, ni a sus seguidores más ingenuos, que fue un abrazo sincero, y que efectivamente habrá reconciliación y trabajo en conjunto. Es difícil pegar con Kola Loca ese tipo de rupturas políticas.
Por eso es que no resultó sorpresivo enterarnos que el diputado Jiménez Gutiérrez, promovió por cuarta ocasión juicio de amparo ante el temor de ser detenido mediante orden de aprehensión. El juicio de amparo del expediente 487/2026 será resuelto por el Juzgado Segundo de Distrito, en audiencia constitucional, el miércoles 3 de junio del próximo.
¿Para qué busca ampararse por cuarta ocasión consecutiva el diputado Antonio, si se supone que ya hubo abrazo y beso en el cachete con la gobernadora? ¿Desconfía acaso de la buena fe y de la sinceridad de la Jefa del Ejecutivo Estatal? Si fuera así, hay que decirle que está en lo correcto.
Porque en Campeche todos sabemos que Layda Sansores es una persona rencorosa, soberbia y arrogante, que nunca va permitir que un subalterno, ni que cualquier mortal, se atreva a contradecirla y a enfrentarla como lo hizo Jiménez.
Por eso es que ese mismo día, luego del abrazo de Judas que le dio la mandataria, sus sicarios de la información lanzaron su andanada en la entrevista que le hicieron al diputado. La línea fue golpearlo, atosigarlo, provocarlo, para que solito se empinara.
Pero el diputado Antonio ya sacó callos de tanta metralla que le han enviado del Cuarto Piso, que supo sortear la situación y por lo menos no salir despellejado.
Pero ese hecho confirma que la gobernadora no lo ha perdonado –ni lo va perdonar—pese a que en una entrevista, Layda Elena calificó a este momento de reconciliación política, como de esas orquídeas raras que crecen de manera silvestre en la selva.
Hace bien Jiménez en protegerse. La guillotina aún pende sobre su cabeza. La señal que en su momento representó el beso y el abrazo de Judas, ya se dio.

