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EL ESQUEMA USADO EN MÉXICO CONTRA PERIODISTAS AHORA SE REPLICA EN ESTADOS UNIDOS SEÑALA PROCESO

Lo que durante años fue observado en México como una estrategia de descalificación sistemática contra periodistas y medios críticos ahora aparece replicado en Estados Unidos desde el corazón mismo del poder. De acuerdo con un análisis publicado por la revista Proceso, la administración de Donald Trump ha dado un paso más al institucionalizar el ataque contra la prensa mediante un portal oficial alojado en la página de la Casa Blanca.

Según Proceso, el llamado Media Bias Portal funciona como una versión digital, permanente y financiada con recursos públicos de mecanismos ya conocidos en América Latina. Bajo el encabezado A Call to Action, el gobierno estadounidense convoca a sus simpatizantes a denunciar presuntos sesgos mediáticos, catalogar coberturas y señalar a periodistas críticos, trasladando el conflicto político al terreno de la estigmatización institucional.

Para observadores internacionales, la estrategia resulta inquietantemente familiar. La revista establece un paralelismo directo con lo ocurrido en México durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, cuando desde el púlpito presidencial se instauró la sección Quién es quién en las mentiras de la semana, utilizada para exhibir y desacreditar a medios y reporteros incómodos.

La diferencia, subraya el análisis, es que mientras el modelo mexicano se sostenía en la oralidad y la transmisión en vivo, la versión estadounidense escala el esquema al sistematizarlo en un repositorio web permanente. De esta forma, la Casa Blanca deja de reaccionar a la cobertura periodística para asumirse como árbitro activo de la verdad, definiendo qué contenidos son aceptables y cuáles merecen ser etiquetados como propaganda o locura ideológica.

Proceso advierte que el portal cumple una doble función. Por un lado, mantiene movilizada a la base política del presidente al alimentar la narrativa de un enemigo interno encarnado en la prensa. Por otro, construye una base de datos masiva que permite a la administración sortear la intermediación de los medios tradicionales y comunicarse directamente con sus simpatizantes.

El señalamiento resulta especialmente delicado por la creación de secciones como el Salón de la Vergüenza o el Infractor Mediático de la Semana. De acuerdo con la publicación, cuando la Casa Blanca exhibe oficialmente a un periodista en estos espacios, no está emitiendo una simple opinión, sino colocando una diana simbólica sobre individuos concretos en un contexto de polarización extrema.

El impacto, señala Proceso, no se limita al terreno simbólico. En un ecosistema mediático fragmentado y financieramente vulnerable, ser etiquetado por el poder como difusor de fake news puede derivar en daños económicos, pérdida de credibilidad y presiones indirectas que afectan la viabilidad de los medios.

Sin embargo, el riesgo más profundo es la autocensura. El análisis advierte que ante la amenaza de ser exhibidos en una plataforma oficial y quedar expuestos al acoso digital, periodistas y editores pueden optar por suavizar coberturas, evitar investigaciones sensibles o retrasar publicaciones legítimas.

La adopción de este modelo por parte de Estados Unidos, históricamente presentado como defensor del llamado mundo libre, valida retrospectivamente tácticas utilizadas por otros líderes de corte populista en la región y fuera de ella. Según Proceso, el mensaje implícito es que el ataque sistemático a la prensa deja de ser una anomalía autoritaria para convertirse en una práctica normalizada de gobierno.

Para dimensionar el alcance histórico de esta ofensiva, la revista recuerda la presidencia de Richard Nixon y su lista secreta de enemigos. La diferencia central, apunta el análisis, es que lo que antes se ocultaba por vergüenza hoy se exhibe abiertamente desde un portal oficial bajo el discurso de la transparencia.

Así, lo que México ya vivió como a

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