CACHETADA AL PODER
La cachetada que le asestó Alito a Fernández Noroña se ha convertido en una metáfora de lo que el pueblo mexicano quisiera hacer con este régimen autoritario…
Las imágenes que le dieron la vuelta al mundo mostrando a dos senadores de la República enfrentándose a golpes en la tribuna legislativa, retratan a la perfección el clima de polarización a que ha conducido a este país el régimen denominado 4T.
Si bien es cierto que es reprobable la violencia como método para dirimir diferencias, debe entenderse que en ocasiones el ejercicio autoritario y soberbio del poder no deja otro camino y sin duda alguna que eso es lo que está ocurriendo en estos momentos en todo México.
Gerardo Fernández Noroña se ha convertido, junto con todo el régimen morenista, en una contradicción andante. De ser un valiente o irrespetuoso opositor, que reclamaba tolerancia, pluralidad, apertura, honestidad y austeridad, hoy se ha convertido en la antítesis de sus propios reclamos y junto con él, todo el morenismo.
Porque la cerrazón que hay en el Congreso de la Unión, el boicoteo a las acciones de las bancadas opositoras, y el abuso en el ejercicio del poder es común en todas las administraciones morenistas. En Campeche, el Poder legislativo se ha convertido en un búnker donde solo tienen acceso los que simpatizan con la causa guinda. Los demás son enemigos.
La tolerancia a la crítica y la pluralidad en la difusión de las ideas, que tanto exigían los morenistas en su fase de opositores, hoy se lo niegan a sus adversarios políticos. No solo eso, utilizan a las instituciones públicas para frenar cualquier intento de señalamiento contrario a sus intereses.
Para ellos, la crítica es incitación al odio y la violencia, es violencia política en razón de género o es violencia mediática. Ya no es pluralidad ni ejercicio de la libertad de expresión.
Por todo eso, puede afirmarse que la cachetada que le asestó Alejandro Moreno Cárdenas al senador morenista Gerardo Fernández Noroña se ha convertido en una metáfora –dolorosa ciertamente—de lo que el pueblo mexicano quiere hacer con el régimen de la 4T.
Por eso es que fue tan celebrado en las redes sociales el atrevimiento del senador campechano para confrontarse así, con el poder público. Literalmente no les han dejado otro camino.
Por eso, más que aprovechar esta lamentable coyuntura, para reforzar los argumentos para desaforar a Alito –y con él a otros legisladores incómodos, entre ellos Lily Téllez— debería dar pie a que las bancadas legislativas se sienten a dialogar y tomen acuerdos que permitan la discusión de los grandes temas de la agenda pública nacional sin represiones ni bloqueos como hasta ahora ha ocurrido.
A nadie le conviene que el país se mantenga en este clima de polarización que, hay que afirmarlo con firmeza, no se da solo en el Senado de la República, en la Cámara de Diputados o en la Comisión Permanente, sino en todo el país. Es peligroso seguir alentando la crispación social como estrategia para distraer la atención sobre esos escabrosos temas de la narcopolítica que podrían propiciar la caída de este régimen cuatroteísta.