Opinión

Monumento a la corrupción

Más de medio siglo después, San Lorenzo continúa simbolizando lo mismo: tráfico de influencias, corrupción, desvío de recursos públicos, etcétera…

San Lorenzo fue, durante el sexenio de don Carlos Sansores Pérez (1967-1973), la obra más emblemática de su corrupción y de su abuso de poder.

Los terrenos pegados al mar fueron producto de un arbitrario y descarado despojo, y la construcción de la “casa de playa”, los caminos de acceso y las instalaciones lujosas para su época, requirieron de un desvío multimillonario de dinero público para satisfacer el egocentrismo del “Negro”.

Aún más, en las inmediaciones de esa propiedad se estaba construyendo un hotel de varios niveles, con acceso directo a la playa de arenas blancas que fueron acarreadas por cierto, desde Isla Aguada y Sabancuy, a un precio muy alto.

San Lorenzo fue entonces, sinónimo de abuso del poder y de corrupción.
Más de medio siglo después, San Lorenzo continúa simbolizando lo mismo: tráfico de influencias, corrupción, desvío de recursos públicos, etcétera.

Nada más que en esta ocasión no se tuvo que sacar el dinero directamente de las arcas públicas, sino que se recurrió a las mismas prácticas de los gobiernos del PRIAN, para que la constructora favorita de esta Administración, le “devuelva el favor” a la gobernadora.

Resulta que la Inmobiliaria Industrial “Jocar” S. A., de C. V., que está a cargo de las obras de mantenimiento de la carretera antigua a Seybaplaya, por 20 millones de pesos, y que pasa por la entrada a San Lorenzo, propiedad de la familia Sansores, también está pavimentando las vías de acceso a esa propiedad.

Un reportaje del periodista Carlos Martínez en su programa “La Barra” mostró imágenes de la maquinaria propiedad de esa constructora que tira slurry y asfalto para mejorar las vialidades, mientras que trabajadores de la empresa le dan su manita de gato al muelle privado de la familia Sansores, para dejarlo impecable.

Jocar también está a cargo de la construcción de las viviendas del Bienestar en El Tamarindo, que ha motivado tremendo pleito con el Ayuntamiento porque no tramitó los permisos municipales, ni tomó medidas de protección para evitar inundaciones a las colonias vecinas; además, ha recibido contratos para reparación y mantenimiento de diversos tramos carreteros, así como obras en Ciudad del Carmen y Escárcega, donde gobierna Morena.

Es pues, una de las constructoras favoritas de doña Layda y parece que los empresarios le están devolviendo el favor de una manera tan burda, que nos recuerda a esos gobiernos del pasado que tanto critica la gobernadora en sus momentos de amnesia. Gobiernos que incluyen por cierto al de su padre.

Es apenas una pequeña muestra de la terrible corrupción que ha imperado en este Gobierno nefasto y fracasado que hoy empieza su declive, periodo en que se acrecientan las traiciones, y en que sin duda alguna que nos vamos a enterar hasta de los secretos más recónditos de la mandataria y de sus colaboradores más consentidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *