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EXPEDIENTE | SÁNCHEZ SANSORES Y LA OBSESIÓN FAMILIAR

Cuando la gobernadora Sansores se refirió el pasado martes en su programa a las aspiraciones de Gerardo Sánchez Sansores para ser gobernador de Campeche, y lo calificó como “un chiste”, como traidor y como desleal, en realidad estaba describiendo no solamente a su “sobrinito”, sino que retrató a toda su familia, empezando por ella misma.

Sus afirmaciones respecto a la falta de valores y convicciones por “cambiar de partido de un día a otro”, son, de verdad, una joya de antología, porque se reflejó en el espejo de su sobrino y su saltibanquismo político —el de Layda—salió a flote de manera natural.

“¿Qué es lo que lo motiva a llegar a estos niveles, que te pases de un partido de la noche a la mañana en donde nunca ha estado? ¿Se habla de valores y convicciones? ¡Pero si estaba conmigo hace un ratito!” expresó con un alto sentido de histrionismo la mandataria.

Tal vez no lo sepa, pero esa teatral descripción de una gobernadora “dolida”, retrata a la perfección a tres generaciones de políticos de su familia. Su padre, Carlos Sansores Pérez, traicionó al PRI en las elecciones municipales y apoyó al Partido Popular Socialista. Cuando descubrieron su doble juego lo cesaron y lo mandaron a la banca.

Layda Sansores inició su carrera en el PRI y cuando no la hicieron candidata a la gubernatura se afilió al PRD. Tras su derrota en 1997 buscó refugio en Convergencia, luego apoyó al PAN y a Vicente Fox Quesada, fue legisladora federal gracias al Partido del Trabajo y después ingresó a Morena, donde finalmente, ‘haiga sido como haiga sido’, pudo llegar a la gubernatura.

Su sobrino Gerardo Sánchez Sansores fue militante del PRI y se benefició con contratos en ese partido, trabajó de manera muy cercana con el entonces gobernador priísta Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, y cuando su tía se perfiló a la gubernatura se hizo morenista y se entregó totalmente a ese partido hasta que pusieron el candado del nepotismo a sus aspiraciones sucesorias, y entonces descubrió que la llave para abrir la puerta a sus ambiciones estaba en el PT.

¿Hubo convicciones? ¿Valores? ¿Hubo lealtades? ¡Jamás! Lo que ha habido siempre es una obsesiva ambición por el poder. Ese fue el camino trazado desde don Carlos hasta Layda Elena, ¿entonces porque habría de seguir una ruta diferente el nieto y sobrino de ese clan?

La novedad en esta telenovela barata es que la señora Sansores admite que en su familia no hay valores ni convicciones. No los tuvo ella, no los tuvo su papá, y claramente tampoco los tiene su sobrino.

Lo que no concuerda en este enredo es que ahora que ya fue descubierta, que la burda estrategia utilizada la vieron hasta los más neófitos, nos salga doña Layda Elena con que ella no sabía nada, y que tampoco respaldó esta serie de chistes locos.

“De repente vimos que ya está en el PT, para nosotros ha sido una sorpresa, primero porque él estaba colaborando y trabajaba con nosotros, nunca fue funcionario, nunca firmó un documento, pero él estaba y daba sus ideas, participaba con muchas ganas y con mucha emoción. Reconozco que es un muchacho sensible con sentido humano” aseguró.

“Pero que no se vayan a confundir los campechanos: yo no soy madrina ni patrocinadora de ninguna de esas acciones que no me parecen muy éticas, y que no juego a dos caras, soy muy directa en lo que digo”.

“Que no digan que Layda es muy astuta, por un lado promueve la unidad, que no haya encuestas, pero por otro lado promueve en otro partido a su sobrinito”.

“Que sepan a quienes se acerca Gerardo que no es mandado por mí, que no estoy de acuerdo, que yo sí creo en el Movimiento de la cuarta transformación, y si van a terminar como aliados qué bueno que volvamos a caminar por el mismo sendero, pero por lo pronto no estoy haciendo una clase de doble juego, ni jugar a dos barajas, soy derecha cueste lo que cueste”.

La verdad, es que Layda Sansores miente una vez más. Y hay que admitir que lo hace muy mal. Ese “muchacho sensible con sentido humano”, a quien además ha descrito como muy piadoso, porque va a las tres de la mañana a rezar a la iglesia, que “atrajo inversiones” como la cementera Cruz Azul, y quien hizo las funciones de vicegobernador durante más de cuatro años, es en realidad su candidato a la gubernatura.

Pero sabe Layda Elena que el veto del nepotismo pesará en la decisión que vayan a tomar Morena y sus aliados, y por eso es que “Seso Loco”, alias Gerardo Sánchez Sansores, nunca podría ser candidato a gobernador por esta coalición.

¿Qué camino le queda? El mismo que siguió don Carlos Sansores hace más de 60 años cuando impulsó, financió e hizo ganar a candidatos de un inexistente PPS. Y Layda tiene al PT a su disposición con la consigna de postular a Sánchez Sansores como candidato a la gubernatura, y ella, desde las finanzas estatales tiene todo el presupuesto público para comprarle votos. La estructura, actualmente al servicio de Morena puede cambiar de manos, si la gobernadora así lo dispone.

Lo que no puede la señora definir es el sentido del voto de los ciudadanos. Y a la gobernadora le debe quedar muy, pero muy claro, que a su familia ya no la quieren en cargos públicos. Ya demostraron que lo suyo no es servir, sino servirse, y ya hartaron al pueblo con sus mentiras y sus saqueos.

Pero si aun conociendo este repudio popular generalizado, consideran, Layda y el Seso, que juntaron el dinero suficiente para tratar de comprar la elección, adelante, ya veremos el desenlace de este interesante capítulo de la historia de Campeche.

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