EXPEDIENTE | DESPUÉS DE MUERTO EL NIÑO, VIENEN LAS EXCUSAS
El Gobierno de la señora Layda Elena Sansores San Román nos ha demostrado una vez más que cuando se agotan las excusas no queda más que el cinismo.
Lo anterior después del trágico accidente aéreo ocurrido cerca de Galveston, Texas, en los Estados Unidos, donde hubo un saldo de seis muertos, uno de ellos, el niño de dos años Federico Efraín, quien viajaba acompañado de su madre, Julia Araceli, para recibir atención médica tras sufrir quemaduras de tercer grado en Escárcega.
Entre sus condolencias y sus palabras de aliento por ese lamentable incidente, la gobernadora Layda Sansores, la secretaria de Gobierno Elisa María Hernández Romero y el alcalde escarceguense Juan Carlos Hernández Rath, intentaron esconder su indolencia, valemadrismo y total irresponsabilidad, ya que previamente se negaron a autorizar que una ambulancia trasladara de Escárcega a Mérida al menor accidentado.
No contentos con negarle atención médica y declararse incompetentes —qué bueno que lo reconocieron al fin— para atender ese caso, los funcionarios del sector salud de Escárcega se negaron a autorizar el uso de una ambulancia para trasladar al menor a una clínica de la ciudad de Mérida. Ninguna institución de salud pública quiso transportar al niño y a sus papás.
Siendo ellos gente de recursos limitados y que viven al día, tampoco pudieron pagar la renta de una ambulancia particular para el traslado. Costaba 10 mil pesos y no lograron juntar esa suma para que el viaje del pequeño a la clínica yucateca se hiciera con los equipos y medicamentos adecuados. Tuvieron que trasladarse en un automóvil particular con recursos propios.
En Mérida, la clínica O’Horán solicitó el apoyo de una institución humanitaria para tramitar la atención médica en el hospital especializado en quemaduras para menores, ubicado en Galveston, Texas, y a través de la Secretaría de Marina se acordó el traslado en una de sus avionetas.
Ni pensar en pedirle a la gobernadora que ayudara a tramitar el traslado a través de alguna de las empresas a las que les renta jets para sus viajes particulares. El alcalde escarguense Juan Carlos Hernández Rath ni se interesó en el tema, y la secretaria de Gobierno Elisa Hernández Romero estaba ocupada en sus actos de precampaña y no tuvo tiempo de enterarse del drama que estaba sufriendo la familia del pequeño Federico.
Fue hasta que en las noticias se dio a conocer el accidente, con un saldo inicial de cinco muertos —entre ellos el pequeño Federico— cuando el tema les empezó a interesar. Pero fue hasta que la presidenta Sheinbaum se refirió al tema y envió sus condolencias a los familiares de los marinos muertos, así como a la familia del niño Federico, cuando Sansores San Román, Hernández Romero y Hernández Rath se enteraron que el niño era originario de Escárcega.
Fue entonces cuando externaron sus condolencias y sentimientos de solidaridad. “Acompañamos a las familias en su dolor, con respeto, solidaridad y el abrazo sincero del pueblo de Campeche”, escribió la mandataria desde el lugar donde vacaciona esta Navidad.
Hernández Romero se colgó del papá del pequeño fallecido, quien pidió apoyos para trasladarse a Estados Unidos a rescatar el cuerpo de su hijo y velar por la salud de su esposa. La Secretaria de Gobierno escribió: “Hoy refrendamos nuestro compromiso de apoyo y acompañamiento a Edward en este momento tan difícil. Que sepa que no camina solo; estamos con él, de corazón, y seguiremos acompañándolo paso a paso”. Qué lástima que ese apoyo y esa solidaridad llegaron tarde, cuando la desgracia ya había lastimado a la familia.
Por su parte, Hernández Rath solicitó los servicios de un poeta para enviar su mensaje: “En los momentos más oscuros, cuando el dolor no encuentra palabras, el humanismo se vuelve abrazo y la solidaridad se convierte en esperanza”.
Aún más, tuvo el cinismo de escribir: “Hoy agradezco, de corazón, a nuestra querida gobernadora Licda. Layda Sansores, a la secretaria de Gobierno, Liz Hernández y a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, por no soltar la mano de una familia escarceguense rota por la tragedia.”
“Edward ha obtenido una visa humanitaria para ir por el cuerpo de su pequeño Federico y traer de vuelta a su esposa, que hoy sigue luchando por su vida. El Gobierno del Estado y el gobierno municipal en todo momento está brindando todas las facilidades y todo el apoyo a esta familia”.
Qué pena que ese apoyo se lo negaran apenas 24 horas antes, cuando lo que requerían era una ambulancia equipada, para que su hijo fuera atendido en alguna clínica de la zona. Los dejaron en el abandono, y fue hasta que sobrevino la tragedia, cuando se percataron de que pudieron haber ayudado oportunamente.
Vaya cinismo y desvergüenza de gobernantes que reaccionan cuando ya la fatalidad se hizo presente. Que no son capaces de velar por el debido equipamiento de los hospitales, ni de velar porque las ambulancias de las clínicas y centros de salud cumplan con sus funciones, sin necesidad de estar extorsionando a las familias de quienes requieren del servicio.
Sí, es una vergüenza el sistema de salud pública en México. Pero más vergüenza dan esas autoridades que reaccionan cuando ya no hay nada que hacer.

