Opinión

La mano que mueve la censura

Los nulos principios éticos de la señora Marcela y su profunda ignorancia sobre la función de los medios de información, la llevaron a pedir que le mientan al pueblo, o que le oculten la verdad…

No tiene desperdicio el exhorto de la secretaria de Protección y Seguridad Ciudadana, Marcela Muñoz Martínez, a los medios de comunicación y a los periodistas para que dejen de publicar las “cosas malas” que suceden en el Estado, y solo difundan “las buenas” noticias.

En la conferencia de prensa que organiza los lunes en sus ratos libres el vocero estatal Walther Patrón –en sus horas hábiles anda en campaña promoviendo con recursos públicos su campaña  como candidato a diputado local por el primer distrito—la comandanta guanajuatense expresó: “no deben publicar hechos negativos (como ejecuciones, fallas de elementos policiacos o temas relacionados con el crimen organizado) y en su lugar enfocarse únicamente en difundir ‘lo bueno’ que ocurre en el Estado”.

“Se debe destacar –añadió– el trabajo diario de detenciones y acciones de seguridad, evitando dar mayor visibilidad a la violencia, porque proyectar a Campeche como un Estado seguro permitiría atraer más turismo, inversión y beneficios económicos; es necesario ‘cuidar’ la imagen de la entidad”.

Los nulos principios éticos de la señora Marcela y su profunda ignorancia sobre la función que desempeñan en la sociedad los medios de información, llevaron a la funcionaria a ordenarle a sus comunicadores oficiales, que le mientan al pueblo, o dicho de otra forma, que oculten la verdad, es decir, que “no visibilicen” los hechos de violencia porque ahuyentan las inversiones, el turismo, etcétera.

No es una idea original de la guanajuatense. En el fondo, es el espíritu, la razón o el fundamento que ha llevado a los gobiernos de todas las siglas, a tratar de controlar a los periodistas y los medios de información. Lo que no se encuentra por ningún lado, es dónde quedó el cambio que prometieron, o qué pasó con la transformación, porque la realidad es que están haciendo lo mismo que todos los demás.

Es el mismo argumento también que motivó a la gobernadora Sansores a pedirle a los jueces sumisos, serviles y abyectos, a que le ordenen al periodista Jorge González Valdez, y al diario TRIBUNA, que no ejerzan sus funciones por dos años (los que le restan a la mandataria) porque sus publicaciones “dañan la imagen” de la gobernadora, y según ella, también al Estado.

En realidad es una muestra del autoritarismo que ambas comadres profesan. Suponen que ocultando la realidad, se podrá tener por decreto un Estado más progresista, más desarrollado, con más empleos, con más seguridad, con menos pobreza, etcétera.

Porque ocultar esos indicadores –de seguridad, de economía de aprobación de sus gobernantes, etcétera—“daña la imagen” del Estado y de la gobernadora.

Tal vez si trabajaran, si dieran resultados, si respetaran las leyes, si no incurrieran en abusos, acoso, hostigamiento y persecución, la imagen del Estado sería otra. Pero no. Han hecho un pésimo trabajo y ahora quieren consolarse culpando a los medios de crear una realidad que ellas han construido, y que por cierto, cada día es más deprimente.

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