INJUSTIFICABLE
Quien ha manchado su imagen por su ineptitud, incompetencia y corrupción es ella misma. Y no conforme con ello, se trajo a su familia a saquear las finanzas estatales…
Publicó en sus redes sociales la secretaria de Protección y Seguridad Ciudadana, Marcela Muñoz Martínez una misiva en que se auto halaga, se auto promueve, y de paso, presume el proteccionismo que recibe de la gobernadora Layda Sansores para haber “derrotado” en los juzgados a periodistas campechanos sentenciados por daño moral.
La suya no es una carta, sino un catálogo de incongruencias, de mentiras, y no desaprovecha su costumbre de victimizarse. Sigue creyendo que causando lástima, tendrá el apoyo de los campechanos para sus planes futuros.
Se dice que halago en boca propia es vituperio, por eso cuando la funcionaria escribe que “a lo largo de mi vida me han dicho que soy un ejemplo de resiliencia”, lo que genera es el efecto contrario. Quien se adapta a situaciones adversas –una persona resiliente—no se pasa la vida quejándose de lo que dicen de ella. No se auto victimiza. No se refugia en el regazo de su encubridora para que la saquen del apuro. Resuelve, afronta, demuestra con resultados su capacidad. Y esto no lo hace la guanajuatense.
Dice que le “duele hasta el alma ver cómo lastiman tu imagen y la de tu familia. Genera una profunda impotencia, sobre todo cuando sabes que tu única intención ha sido trabajar con honestidad, compromiso y amor por Campeche”.
Cuántas mentiras en un solo párrafo. Quien ha manchado su imagen por su ineptitud, incompetencia y corrupción es ella misma. Y no conforme con ello, se trajo a su familia a saquear las finanzas estatales. Hay fotografías y videos que ilustran el ostentoso estilo de vida que llevan gracias al dinero de los campechanos. Y han sido ellos mismos quienes presumieron sus fotos. Los ciudadanos solo repudiaron esa conducta.
Y agrega entre otras sandeces: “No ha sido fácil .Ha costado esfuerzo, sacrificio, y en muchos sentidos sangre y lágrimas. Pero también me ha recordado porqué decidí estar aquí para servir, para no quedarme callada y para alzar la voz cuando algo no es justo”. Ah caray. La que causó dolor, sangre y lágrimas a más de 400 familias campechanas fue ella, al reprimir a los policías que valientemente exigían que se respeten sus derechos. ¿Ya se le olvidó? ¿O esa parte de su historia lo borró su amnesia selectiva?
Señala que “no podría recorrer el Estado pidiendo a las mujeres que denuncien la violencia, que no guarden silencio, si yo misma no fuera congruente…” Si puede. Si ha podido gracias al cinismo. Porque quien acalló la voz de las mujeres que decidieron no guardar silencio, fue ella. Más de 80 mujeres valientes de la Policía fueron despedidas injustamente por la prepotencia, arrogancia e indolencia de la propia Marcela.
No nos referiremos a sus alusiones sobre periodismo y ética ni sobre impunidad, porque ella es un ejemplo de funcionaria impune, carente de ética, de valores y de principios, y repleta de cinismo y desvergüenza, que la hace escribir que “la voz que se levanta con dignidad siempre abre camino a la verdad”.
Y bueno, esto último es cierto. Porque no se ha escrito el último párrafo de esta carta.
La verdad y la justicia aún pueden alcanzarla.

