EXPEDIENTE | LIZ NO ES CONFIABLE, PERDIÓ LA GOBERNABILIDAD
Si la secretaria de Gobierno, Elisa María Hernández Romero llegó a creer que tenía alguna posibilidad de ser postulada como candidata de Morena a la gubernatura, alguien le debe decir que con este desastroso inicio de año que ha tenido, sus aspiraciones pudieran haberse esfumado.
Porque si alguien es responsable de mantener la gobernabilidad o el control político del Estado, es quien encabeza la Secretaría de Gobierno, y su nombre es Liz Hernández.
De inicio, manejó con absoluta torpeza la detención, encarcelamiento y posterior destitución del entonces rector José Alberto Abud Flores. El escándalo puso a Campeche otra vez en la mira de todo el país y no precisamente por sus logros, resultados o por alguna acción meritoria, sino por la suciedad y abuso de autoridad con que operaron esa burda e ilegal maniobra.
No se vio la mano de Liz Hernández para resolver el problema o encontrarle una salida razonada, pero sí para impulsar a su cuatacha, la abogada, notaria y contadora pública Fanny Guillermo Maldonado, quien por cierto ahora enfrenta el dilema de ser patrona y al mismo tiempo apoderada jurídica del sindicato de maestros universitarios. ¿Qué pasará cuando presenten un emplazamiento a huelga por la firma del contrato colectivo de trabajo? ¿Ella misma demandará y al mismo tiempo responderá a la demanda? Qué incongruencias.
Lo cierto es que Hernández Romero tuvo un papel desastroso en la bajeza cometida contra la Universidad. El Gobierno de la señora Sansores quedó manchado para siempre como violador de la autonomía universitaria, y la abogada Fanny Guillermo pasará a la historia como una usurpadora, o como una rectora espuria, que para el caso es lo mismo.
Lo que ocurre actualmente con el Poder Legislativo también es responsabilidad de Liz Hernández. Todas las decisiones que ha tomado al respecto han sido equivocadas y se le han revertido a la Administración de Layda Sansores, quien una vez más ha sido exhibida en todo el país, como lo peor de la 4T, al grado que hasta sus propios correligionarios la han exhortado a enmendar el rumbo.
La presidenta Claudia Sheinbaum evadió referirse con claridad y contundencia al tema, y salió con una kalimanada al pedir “serenidad y paciencia”, además de exhortar al “amor y la paz para todos y todas…”
Sheinbaum ya olvidó sus tiempos de activista opositora, en que llamaba a las cosas por su nombre y evade pronunciarse en contra de otro abuso de la señora Sansores San Román, quien ha quedado estigmatizada como violadora de la autonomía universitaria, y ahora brilla como violadora de la autonomía e independencia del Poder Legislativo.
Lo cierto, y en eso coinciden todos los que han analizado con objetividad el tema, es que Layda Sansores se ha convertido en un problema serio para la 4T. Es un verdadero lastre. No se puede hablar de una nueva forma de Gobierno, ni de una transformación en el ejercicio del poder, cuando se recurre a las mismas prácticas de antes y se cometen aberraciones peores que no se habían visto ni en los peores años del PRI.
Y al lado de ella aparece su secretaria de Gobierno Liz Hernández, quien como segunda funcionaria con mayor autoridad en el Estado, no pudo evitar que se cometieran esos abusos, y sí por el contrario, avaló con sus pronunciamientos los excesos en que incurrió su jefa, de manera que la única conclusión que se puede tener, es que si ella es postulada y gana la elección, en Campeche se seguirán cometiendo más arbitrariedades.
Otra perspectiva del problema proviene del grupo político que apoya las aspiraciones del alcalde carmelita, Pablo Gutiérrez Lazarus. Y si bien es cierto que él ha tratado de deslindarse de ellos, todos sabemos que casi todos los diputados que se han mantenido leales a Antonio Jiménez, y él mismo, están trabajando a favor del edil isleño. ¿Tiene entonces esta presunta insurrección morenista un mensaje futurista y electoral?
Si fuera así, entonces Liz Hernández cayó en la trampa, y se fue de bruces con todo y sus aspiraciones, pues el conflicto lo ha manejado de la peor manera, sin muestras de clase política ni de habilidad para resolver conflictos.
Junto con el creciente repudio popular que hay contra la gobernadora Sansores por sus abusos, excesos y torpezas, está igualmente la figura de Liz Hernández, quien no solamente no ha podido superar su icónica fotografía vandalizando las paredes del edificio estatal del PRI, sino que sigue demostrando que su actual cargo le quedó grande, y que hasta sus “operadores políticos” (torpes, burdos e ineptos, por cierto) juegan en su contra.

