LocalesOpinión

PALACIO DE HIERRO

Nuestra capital y el resto del Estado no cumplen con los requisitos que esa firma exige en sus estudios de mercado, para abrir una de sus sucursales…

Doña Chela llegó jubilosa a la reunión vespertina con sus amigos de tertulia. Festejaba el anuncio de la Tía gobernanta, de que nuestra capital va recibir en próximas fechas una sucursal de la prestigiosa y exclusiva tienda de “El Palacio de hierro”, por lo que dijo la exburócrata estatal que ya podrá ir hacer sus compras para ella y su familia.

–“Oiga comadre, la aterrizó con frialdad su compadre don Memín. Pero si usted apenas puede ir a surtir sus despensas en Wilis o en los Dunosusas, y se la pasa regateando los precios en el mercado cuando va comprar sus blusas y vestimentas, ¿cómo cree entonces que ser va ser clienta del “Palacio de Hierro” si ahí todo lo que se vende es carísimo porque no es exactamente una tienda para la clase proletaria?”

–“Si no va beneficiar a los ciudadanos entonces ¿para qué se pone la mandataria a festejar un anuncio que solo va beneficiar a unos cuantos?” preguntó encaboronada.

–“No existe ni siquiera en la capital de la vecina República de Yucatán una sucursal de esa prestigiosa pero exclusiva tienda, le informó el viejo Julián. Y en efecto, los artículos que ahí se venden y los precios que rigen no están al alcance  de la clase media y no se diga de quienes están por debajo de la línea de pobreza, no olvide usted que en nuestro Estado, más del 80 por ciento presenta algún grado de pobreza, y que más del 60 por ciento de los empleos son informales o sea, ni siquiera reciben prestaciones”.

–“No quiero ser ave de mal agüero, coincidió el poeta Casimiro, pero lo que ha señalado mi maestro y gurú es totalmente cierto. Nuestra capital y el resto del Estado no cumplen con los requisitos que esa firma exige  en sus estudios de mercado, para abrir una de sus sucursales, a menos que esperen que sus clientes provengan de los estados vecinos o de los empresarios petroleros, lo cual suena poco lógico. Tenemos una economía de quincena y una gran parte de las familias terminan la quincena pidiendo abonos para completar sus despensas. Sépase de una vez que en Palacio de Hierro no dan fiado” completó.

–“Entonces ¿para qué ingaos me ilusiona la Tía haciendo promesas que sabe que no va cumplir? Nada más nos ilusiona a mí a mis comadres que ya nos veíamos recorriendo los pasillos de esa tienda departamental para mirar todo lo que venden”.

–“Pues solamente para mirar podríamos ir a esa tienda, aunque tengo mis dudas de que dejen pasar a cualquier chan persona que vaya con huaraches o chancletas. No estoy hablando mal de mis conciudadanos, pero hay que decir las cosas como son, en lugar de estar prometiendo cosas que sabemos que no van a suceder” puntualizó.

–“Ya se acerca su informe, recordó el viejo Julián, y algo tiene que decir en ese evento en que se supone debe rendir cuentas pero que ella ha convertido en un show barato. ¿Qué otras promesas falsas nos va decir antes de su informe? Esa es la pregunta del millón” aseveró.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *