VERACRUZ Y CAMPECHE, DOS ESPEJOS DEL MISMO ABUSO – Por Matt Murdock
Vía: La neta de Campeche.
La destitución de la fiscal Karla Díaz Hermosilla en Veracruz y las sanciones impuestas por la jueza Guadalupe Beatriz Martínez Taboada en Campeche no son hechos aislados. Son síntomas de un mismo mal: el uso del aparato judicial para intimidar y silenciar a periodistas.

En Veracruz, el intento de acusar al reportero Rafael León Lafita de terrorismo mostró hasta dónde puede llegar la Fiscalía para criminalizar la labor informativa. En Campeche, la prohibición de ejercer el periodismo y el cierre de un medio crítico exhiben cómo la justicia puede convertirse en un instrumento de censura.
Ambos casos revelan un patrón inquietante: cuando el poder político se siente incómodo, recurre a la justicia como arma. No se trata de errores individuales, sino de una estrategia sistemática que erosiona la libertad de expresión y coloca a los periodistas en la categoría de enemigos del Estado.
El mensaje es devastador: en lugar de proteger la verdad, las instituciones se alinean para sofocarla. La prensa, que debería ser aliada de la sociedad en la vigilancia del poder, es tratada como amenaza. Y la ciudadanía, al ver cómo se castiga a quienes informan, recibe un aviso implícito: callar es más seguro que hablar.
La reflexión es obligada: si en Veracruz se puede acusar de terrorismo a un periodista y en Campeche se puede prohibir ejercer la profesión, ¿qué queda del derecho a informar en México? La libertad de prensa no se extingue de golpe, se desgasta con cada proceso abusivo, con cada sanción desproporcionada, con cada intento de censura disfrazado de legalidad.
Veracruz y Campeche son hoy espejos de un mismo abuso. La justicia, en lugar de ser garante de derechos, se ha convertido en un instrumento de represión política. Defender a los periodistas en estos contextos no es un acto gremial: es defender el derecho de toda la sociedad a conocer la verdad.

