LA CLOACA DE LA PÓLÍTICA | 24 DE JUNIO DE 2026
No quiso sujetarse a la máxima de que “gobernador (a) no poner gobernador (a) y ahora enfrenta el gran riesgo de que ni siquiera pueda lograr que su partido conserve el poder.
LIDERAZGO NULO
Hay dos figuras políticas que debieron garantizar que el proceso interno en Morena, para la selección de su candidatura a la gubernatura concluyera en unidad, cohesión y fortaleza, pero ambos personajes se dedicaron a hacer todo lo contrario, y ahora están cosechando las consecuencias.
La primera responsable era la gobernadora Sansores. Debió priorizar la unidad dentro de su partido, el respeto a la base y una proyección política a futuro que permitiera eliminar cualquier riesgo de conflicto, división o ruptura. Pero hizo todo lo contrario.
Parece que Layda Elena no es afecta a leer la historia, a interpretarla y ajustarse a sus parámetros. No quiso sujetarse a la máxima de que “gobernador (a) no poner gobernador (a) y ahora enfrenta el gran riesgo de que ni siquiera pueda lograr que su partido conserve el poder.
El otro responsable era el dirigente del partido, Erick Alejandro Reyes León. Debió tener el control o por lo menos buena relación con sus militantes más conspicuos, es decir, aquellos que pudieran aspirar a la gubernatura. Estar en permanente contacto con ellos le habría abierto por lo menos la puerta a la comunicación.
Pero no. Erick, por su excesivo ambición política –ya se acostumbró a ‘comer con manteca’ y a usar la política para hacer negocios—se entregó totalmente a Pablo y descuidó a los demás. No mostró ni el menor ápice de imparcialidad y por tanto jamás fue garantía de que habría un proceso interno con piso parejo.
El resultado: ambos fracasaron. Sea quien sea que se quede con la candidatura no se la va deber a ninguno de ellos. Y al no haber compromisos previos, tampoco habrá garantía de impunidad y mucho menos de continuidad, como ha venido soñando la señora Sansores.
En este momento, el proceso de sucesión gubernamental en Morena es un auténtico holchoch. Un revoltijo pues. Nadie sabe qué va pasar, y cómo se va resolver la nominación, porque el método de la encuesta no es definitivo. Si al final quien quede en primera lugar es evidenciado como corrupto, no será postulado. Y vaya que Pablo Gutiérrez Lazarus lo es.
Lo que está pasando en estos momentos en Morena es un reflejo exacto de lo que han sido estos cinco años del Gobierno de Layda Sansores. Un auténtico desastre, un descontrol absoluto, un xexec en donde cada quién hace lo que quiere, sin que nadie, absolutamente se preocupe por meter orden.
Es de esperarse que, con este escenario, la cosecha de votos a favor del partido oficial y de sus aliados –si es que se quedan—vaya ser ínfima. Insuficientes quizá, para garantizar la permanencia de la 4T en Palacio de Gobierno. Y si esto sucede, sería una noticia buena. Fantástica, diríamos para el resto de los campechanos, el 70 por ciento de los cuales no respalda al régimen cuatroteísta, y por tanto, desea el cambio.
Que así sea.

