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EXPEDIENTE | LOS TUMORES QUE LLEVARÁN A MORENA A LA TUMBA

Si hay una certeza absoluta entre los militantes de Morena y sus simpatizantes, es que los tumores que le están generando un cáncer mortal a ese partido, se llaman Layda Elena Sansores San Román y Erick Alejandro Reyes León.

El primer convencido de esa verdad irrefutable es el propio coordinador estatal para la defensa de la soberanía y la transformación, Pablo Gutiérrez Lazarus. 

Por eso se ha esmerado en conformar una estructura alterna para la campaña que se avecina. Sabe que poner su futuro en manos de esos nefastos personajes, sería como hacerse un harakiri y lanzarse al vacío por voluntad propia.

Por eso no porta el uniforme guinda, porque no comparte sus principios, y tampoco quiere cargar con el lastre del descrédito que carcome las entrañas del partido del régimen.

Que haya acudido a tomarse la foto con la dirigencia nacional del Partido Verde, y que haya activado a sus seguidores que controlan a ese partido en algunos municipios para externarle su respaldo, confirma que Gutiérrez Lazarus está consciente que competir solamente con las siglas de Morena lo hará todavía más vulnerable.

Porque Morena en Campeche se convirtió en un negocio redituable para el chilango Erick Alejandro Reyes León. A nadie ha rendido cuentas de las multimillonarias prerrogativas que recibe del Instituto Electoral del Estado, ni de las participaciones que le otorga su Comité Ejecutivo Nacional.

Déspota y prepotente con sus subalternos, especialmente con los que son campechanos, Reyes León ha tenido éxito en su encomienda de provocar el divisionismo en su partido; las deserciones son el común denominador porque el chilango no sabe dialogar, ni conciliar, y solo impone su voluntad o lo que le ordena la gobernadora.

La reciente salida de la activista Guadalupe Nagarián Nieva, que fue la voz oficial de la resistencia civil durante 1997, reafirma que la aritmética básica de Reyes León no incluye la suma y la multiplicación, sino solamente la resta y la división.

Y que Lupita Nagarián se haya sumado a las filas de Eliseo Fernández Montufar, donde fue recibida con calidez y afecto, ha sido un golpe demoledor al orgullo y la soberbia de la gobernadora Sansores, tan protectora para con sus subalternos foráneos, pero tan despectiva con quienes lucharon junto con ella desde hace casi 30 años.

Porque la realidad de las cosas es que Layda dejó de ser factor de unidad dentro de Morena desde que empezó a traicionar sus principios, desde que se cerró a las palabras que no coincidían con su percepción de la realidad, y desde que constató que el pueblo campechano ya no la mira como una líder sino como una usurpadora, como una embustera que se disfrazó de luchadora social para llegar al cargo, pero que una vez en el poder sacó lo más negro y podrido de su interior.

Campeche vive peligrosos momentos de polarización y divisionismo, que la propia mandataria alienta con su abuso del poder: todo el peso de la ley contra sus adversarios, fabricándoles expedientes falsos para tratar de encarcelarlos, mientras encubre, solapa y protege a quienes han violentado las leyes, como es el caso de Marcela Muñoz Martínez.

Ha tenido la gobernadora Sansores la cuestionable virtud de unir a todos en su contra. Incluso a los miembros de su gabinete, a los militantes de su partido, y no se diga del resto de la sociedad.

Las encuestas la colocan en los últimos lugares en cuanto a evaluación de desempeño, y su poca popularidad hace tiempo que se convirtió en un triste recuerdo. En lugar de atraer votos los repele y en lugar de sumar voluntades, las aleja.

Por eso es que todos en Morena tienen claro que el día de la jornada electoral, los ciudadanos van a tener dos opciones para votar: como un castigo para la gobernadora que ha tenido el peor desempeño de nuestra historia, y contra el partido Morena que se ha convertido en una simiente de corrupción y de abuso de poder.

Esa es la razón principal por la que Sansores San Román debe irse. Porque encarna la razón del voto de castigo de cientos de miles de campechanos, y porque ha abusado de su poder no solo para enriquecerse y enriquecer a sus más cercanos colaboradores, sino para manipular las leyes para aniquilar a sus adversarios.

Layda Sansores es la antítesis de los principios que postuló Andrés Manuel López Obrador cuando decidió fundar su partido político. 

Layda es una rémora del pasado. Nunca evolucionaron sus principios democráticos porque la enseñanza que recibió desde la cuna es que hay que obtener el poder a costa de lo que sea, incluso arrastrándose y destruyendo al adversario con calumnias y chicanadas.

La moneda está en el aire para Gutiérrez Lazarus y los morenistas. Saben en dónde está el cáncer. Solo es cuestión de que se decidan a extirparlo.

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