Opinión

ENTRE PILATOS Y BRUTO

No hay manera de desmentir que fueron ellos quienes armaron todo el show para encarcelar al rector, para presentarlo públicamente, a través de sus páginas matraqueras, como un drogadicto…

Poncio Pilato o Pilatos, fue un gobernante de Judea que pasó a la historia por “lavarse las manos” en el juicio que se le siguió a Jesucristo, antes de que la plebe decidiera crucificarlo, mientras que Marco Junio Bruto, quien vivió unas ocho décadas antes de la era cristiana, fue uno de los militares que participó en conspiración que culminó en el asesinato de Julio César, creyendo que así salvaba a la República de la tiranía.

No es común ligar ambas figuras del imperio romano, pero el comunicado que difundió el Gobierno del Estado la noche del domingo pasado, en que intentó deslindarse de la conspiración que llevó al derrocamiento del rector Abud, parece que los asemeja en muchos aspectos.

De entrada, hace mal el Gobierno de la señora Sansores, y quien quiera que haya redactado el mentado boletín de prensa, al intentar hacernos creer que “no tuvieron nada que ver” en las arbitrariedades cometidas por operadores políticos de esta Administración, para eliminar a uno de los adversarios más odiados de la propia mandataria.

Si ellos –el Gobierno del Estado– no intervinieron en nada de lo que los acusan, entonces ¿de quién depende la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana? ¿ A quién rinde cuenta el Fiscal General del Estado y los agentes del Ministerio Público? ¿Hacia quién se ha mostrado servil la jueza Guadalupe Martínez Taboada? ¿De quién ha recibido  recientemente elogios el Fiscal Anticorrupción, Loreto Verdejo, quien ya armó apresuradamente un expediente contra las presuntas corruptelas de Abud Flores?

Literalmente, todo el teatro les cae encima a la gobernadora Sansores y a todos sus testaferros. No hay manera de desmentir que fueron ellos, y solamente ellos, quienes armaron todo el show para encarcelar al rector, para presentarlo públicamente, a través de sus páginas matraqueras, como un drogadicto, y para que tras su encarcelamiento, lo vincularan a proceso por posesión simple de enervantes.

No hubo presunción de inocencia, no se ha respetado el debido proceso, puesto que continúan los escribanos a sueldo difamando al rector, y tampoco hay pruebas de que las sustancias ilícitas presuntamente encontradas en su camioneta sean realmente de su propiedad. Por eso es que la percepción, y la creencia generalizada, es que esa droga se la “sembraron” para después continuar con todo el complot en su contra.

La noticia, el incidente, esa terrible arbitrariedad, ya saltó nuestras fronteras. El periódico español el País publicó un amplio reportaje en donde la conclusión única es que la gobernadora Sansores estuvo y está detrás de toda esa canallada.

Por eso intentan desmentir su participación. Lo malo, para ellos, es que nadie les cree. Lo bueno para todos los demás, es que ya no nos dejamos engañar ni nos tragamos sus mentiras. Y eso los agobia.

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