Opinión

PEMEX, LA TRAICIÓN

A diario se extraen de aquí un millón 100 mil barriles de petróleo, a 59.60 dólares por barril, que generan al 65 millones de dólares diarios y alrededor de 24 mil millones de dólares al año. Y ¿qué nos queda?

En Ciudad del Carmen parece que apenas están valorando las consecuencias negativas de que el Gobierno de la República —ese que dice la gobernadora Layda Sansores que nos “abraza” con amor— haya decidido dejar de considerar a nuestro Estado como Estado petrolero. Por un ajuste meramente burocrático, ya no se extrae petróleo de nuestra entidad, sino “de aguas territoriales”.

De territorio Campechano se extrae actualmente el 62.4 por ciento de la producción nacional de hidrocarburos. Un promedio de un millón 100 mil barriles diarios de petróleo, que a la cotización actual, de 59.60 dólares, le generan al país unos 65 millones de dólares diarios y alrededor de 24 mil millones de dólares al año.

No vamos a reiterar la pregunta de cuánto de ese dinero le regresan a Campeche, porque a lo largo de la historia, ni los gobiernos del PRI o del PAN y mucho menos los de Morena –López Obrador y Claudia Sheinbaum—le han hecho justicia a Campeche.

Pero nosotros, –los campechanos de la capital y los que viven en Ciudad del Carmen—hemos amortiguado las consecuencias por la presencia, a 90 kilómetros de la costa de las instalaciones petroleras. Contaminación, conflictos sociales por la migración que saturó los servicios púbicos enla isla, delincuencia, prostitución, carestía de la vida, etcétera.

Nunca, ningún Gobierno de la República volteó a ver con empatía esa situación. Fuera del discurso prometedor no hubo más y los problemas se fueron acumulando, hasta el grado de que en lugar de obtener más participaciones fiscales, hemos llegado al grado de que este año nos quitarán tres mil millones de pesos que tanta falta hacen.

Renglón aparte merece el tema de la deuda con los proveedores. Del monto  global de entre 400 mil y 500 mil millones de pesos, más de 150 mil millones corresponden a empresas locales que atraviesan verdaderos problemas financieros. Muchos tuvieron que cerrar, otros sobreviven a duras penas, pagando abonos semanales en lugar de sueldos a sus obreros.

¿Y los proveedores de los proveedores? En la más grave de las crisis. Hoteles, restaurantes, comercios, prestadores de servicios, cuarterías que hospedaban a la tropa que laboraba para las empresas que le trabajaban a la paraestatal, o quebraron no desaparecieron. En suma: la isla vive la más grave crisis que no le habían causado ni los gobiernos priístas ni los del PAN, pero que sí provocaron los gobiernos de Morena.

El colofón es la puñalada trapera de ya no considerar a Campeche como estado petrolero. Una traición de dimensiones aún no cuantificadas, pero traición al fin y al cabo.

¿Y qué ha dicho al respecto la gobernadora Layda Sansores? Ni pío. Su silencio cómplice nos grita de qué lado se encuentra. Y junto a ella, indudablemente el alcalde Pablo Gutiérrez Lazarus que tampoco ha abanderado las causas del pueblo. Qué poca. De veras.

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