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OPINIÓN: EL LEGADO DE LAYDA SANSORES EN CAMPECHE – Por: Guillermo del Jesús Padilla Sierra

 ✍️ #Paseíllo

En los últimos días ha circulado en redes sociales un boletín oficial del Gobierno del Estado de Campeche que pretende fijar, casi por decreto, el supuesto legado de la gobernadora Layda Sansores. El documento describe una administración marcada —según su narrativa— por el progreso, la transformación y un cambio positivo sin precedentes. Sin embargo, más que un ejercicio de rendición de cuentas, el boletín constituye un esfuerzo burdo de propaganda gubernamental, carente de sustento empírico y profundamente divorciado de la realidad que vive la entidad.

No resulta casual que dicho contenido haya sido replicado de manera íntegra por páginas y portales digitales que reciben apoyo económico del propio gobierno estatal. La estrategia es evidente: amplificar una versión oficial que dibuja un Campeche próspero, ordenado y en crecimiento, mientras se silencia el deterioro económico, la parálisis institucional y el desencanto social que se extiende en amplias regiones del estado.

El municipio de Carmen representa el caso más ilustrativo del fracaso de esta narrativa. Históricamente considerado la capital económica de Campeche y uno de los pilares energéticos del país, Ciudad del Carmen atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente. Lejos de actuar como gestora o aliada para contener el colapso económico, Layda Sansores se manifestó como una de las principales opositoras al traslado de oficinas nacionales de Petróleos Mexicanos a la isla, una medida que habría significado un alivio inmediato y una oportunidad real de reactivación económica.

A esta decisión se suma un agravio simbólico difícil de ignorar: las expresiones despectivas con las que la gobernadora se ha referido públicamente a Carmen, al calificarlo como una “pinche islita”. Más allá del tono, dichas palabras reflejan una visión política centralista, insensible y profundamente desconectada del papel histórico y estratégico que este municipio ha desempeñado para Campeche y para México. Sus escasas visitas a la isla, siempre resguardadas por un amplio dispositivo de seguridad y sin contacto directo con la ciudadanía, refuerzan la percepción de una gobernante distante, ausente y ajena a la realidad local.

Durante su administración no se ha impulsado en Carmen una sola obra pública de alto impacto capaz de detonar la economía regional, aprovechar sus recursos naturales, fortalecer su identidad turística o capitalizar la vocación productiva de su gente. Tampoco hubo una gestión eficaz para exigir a Pemex el pago oportuno de los adeudos con empresarios locales, una deuda que se prolongó por cerca de 18 meses y provocó cierres de negocios, pérdida de empleos y un mayor deterioro del tejido económico.

En términos de gobernanza, la administración de Layda Sansores se ha caracterizado por una conducción políticavirtual centrada más en la Ciudad de México que en el propio estado. Su principal escaparate público ha sido el programa semanal “Martes del Jaguar”, un espacio que dista mucho de ser un ejercicio serio de rendición de cuentas. Convertido en un espectáculo mediático, este programa alcanzó notoriedad cuando se difundieron grabaciones del exgobernador Alejandro Moreno Cárdenas. No obstante, pese al escándalo y al morbo generado, ninguna de las múltiples acusaciones expuestas derivó en procesos judiciales sólidos ni en sanciones legales, evidenciando una preocupante debilidad institucional y una utilización política de la justicia.

El verdadero legado de Layda Sansores no se mide en boletines, slogans ni montajes mediáticos. Se mide en oportunidades perdidas, en economías locales abandonadas, en instituciones debilitadas y en una ciudadanía cada vez más escéptica. Pretender llamar transformación a la simulación y progreso al estancamiento no cambia los hechos. La propaganda puede construir relatos, pero no puede borrar la realidad. Y en Campeche, la realidad es contundente: no hubo cambio, no hubo rumbo y no hubo legado. Solo quedó el desgaste del poder y una profunda decepción colectiva.

 

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