MANIQUEISMOS
No ha logrado dividir Layda Elena a la sociedad campechana para ver quiénes la apoyan y quienes la respaldan. Por el contrario, ha unificado a casi todos, o a una inmensa mayoría pero en su contra.
Se equivoca la gobernadora Sansores, y con ella todos sus corifeos y matraqueros, cuando acusa que quienes se oponen a la contratación de la deuda de mil millones de pesos que exige, se oponen también al desarrollo y progreso de Campeche.
Polarizar a la sociedad, dividirlo entre pueblos y malos, es un maniqueísmo al que ha recurrido exitosamente la Cuarta Transformación, y le sirvió al expresidente López Obrador para ponerse en un extremo y colocar a sus adversarios en el otro, llegándose al dilema de estar con él o contra él.
Layda Sansores no puede darse ese lujo. La balanza en que ella y sus asesores han dividido a la sociedad campechana no la favorece en absoluto. Ella acapara el repudio generalizado y sus acciones y propuestas atizan de inmediato el rechazo popular.
Por eso no hay campechano en su sano juicio que respalde su idea de contratar deuda pública. Y no porque el campechano no quiera el desarrollo ni que se construya infraestructura carretera. No.
Lo que el ciudadano exige es transparencia y rendición de cuentas. Que informe doña Layda en qué ha derrochado más de 125 mil millones de pesos en cuatro años, porque, vale la pena reiterarlo, no hay huellas de su trabajo por ningún lado.
No hay obra pública no hay programas sociales propios, no hay apoyos a los sectores productivos, y hasta la ayuda social, para lo cual dispone de un fondo de alrededor de 400 millones de pesos anuales, se eroga sin que nadie sepa su destino, ya que los pobres que acuden a Palacio en busca de esa ayuda, se retiran con las manos vacías.
En su desesperación por obtener respaldo social para endeudarnos, la gobernadora Sansores recurrió al apoyo de las agrupaciones de la iniciativa privada, pero la presidenta del Consejo Coordinador Empresarial, Martha Reyes Aldama le puso los puntos a las íes: si a la deuda pero que las obras a ejecutar las hagan empresas campechanas.
En la exigencia está el mensaje: Hasta ahora no hay obra pública y las minucias que se han hecho se las han asignado a contratistas foráneos o a prestanombres de la familia feliz. Y eso se llama corrupción. No lo quiso decir así Reyes Aldama pero la deducción es lógica y eso piensan miles de campechanos.
No ha logrado dividir Layda Elena a la sociedad campechana para ver quiénes la apoyan y quienes la respaldan. Por el contrario, ha unificado a casi todos, o a una inmensa mayoría pero en su contra. Y eso es posible leerlo cada mes en las encuestas que se realizan.
El Gobierno de la señora Sansores tendrá que recurrir a los recortes a sus lujos, derroches y excesos, para ahorrar dinero y evitar contratar deuda pública. O al menos no en el monto que ella solicita.
Salomónicamente podrían aprobarle solo la mitad, para obligarla al ahorro y la austeridad y a evitar tanta dispersión en tantas y tantas acciones improductivas. O eso, o cero deuda.

