Opinión

LLAMADO DE ATENCIÓN

Toma relevancia lo que no dijo el senador Ostoa, pero que dejó al ciudadano sacar sus propias conclusiones. Y una es que la causante principal de este desencuentro es la gobernadora Sansores.

La voz del senador Aníbal Ostoa se sumó esta semana a las que han advertido de los riesgos que corre el movimiento de la 4T en Campeche, si no se atienden a tiempo estos conflictos internos que derivaron en la fractura del grupo parlamentario de Morena y en la ruptura de 11 diputados locales con la gobernadora Layda Sansores.

Si bien es cierto que en su visión, proporcionada en entrevista a una radiodifusora local, minimiza ese conflicto y adelanta que ya está en vías de solución, lo que el senador Ostoa no dejó  de observar es las causas que llevaron a esa crisis, entre los cuales mencionó la falta de comunicación y de trabajo político.

No se descarta que el senador de origen chiapaneco pueda ser reconvenido por lo que dijo. Ya sabemos que a la señora Sansores no le gusta que le estropeen la realidad que tiene en su imaginación fantasiosa.

Porque hay que apuntar, además, que el senador Aníbal no se apresuró a manifestar su respaldo incondicional a la gobernadora, como hacía hasta antes de que lo separaran del círculo rojo de la gobernadora. Lo alejaron por sus aspiraciones a la gubernatura y porque no se cuadró ante la instrucción de respaldar totalmente a Liz Hernández.

En este contexto, toma relevancia lo que no dijo el senador Ostoa, pero que dejó al ciudadano que sacara sus propias conclusiones. Y una de ellas es que la causante principal de este desencuentro es la gobernadora Sansores. Ella, y su secretaria de Gobierno, que tiene como una de sus principales responsabilidades mantener la gobernabilidad.

Porque la verdad, aunque le duela a los chairos y a los ultra defensores de la 4T, es que en Campeche se ha perdido la gobernabilidad.

No importa si el Gobierno tiene relaciones complicadas con los partidos, o si está distanciado de la sociedad civil, de los grupos empresariales y de las organizaciones sociales. Pero si el rompimiento es con uno de los poderes del Estado –el Legislativo en este caso–, entonces resulta evidente que la crisis es grave, que la gobernabilidad está hecha añicos.

Reservado y calculador como ha sido siempre, no hay que tomar a la ligera el posicionamiento del senador Ostoa. Por su cargo que ocupa, y su vasta trayectoria con el equipo Sansorista, es una de las voces autorizadas y mesuradas para hablar del tema y para recomendar soluciones.

Falta que lo escuchen.

Y falta también que se defina si no lo enviaron desde Presidencia para encontrarle una salida radical al conflicto.

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