Opinión

LA CLOACA DE LA POLÍTICA | 23 DE MARZO DE 2026

La gobernadora Sansores pecó de imprudente al volcar todo su apoyo a favor de Liz, por lo que Gutiérrez Lazarus se sintió desprotegido, abandonado y hasta traicionado.

MEMBRETE DE OROPEL

Se escucha rimbombante sin duda alguna, y por el momento en que se dio la designación, pareciera que se trataba del empujón definitivo para que Pablo Gutiérrez Lazarus se convierta en el precandidato oficial de Morena a la gubernatura de Campeche.

Pero quizá se trató solamente de una finta, de un brillo de hojalata o cuanto mucho de oropel, porque hasta antes del viernes, cuando se difundió el “nombramiento”, nadie había escuchado hablar de ningún membrete denominado “Consejo de Alcaldías de la Transformación en Campeche”, o de alguna otra entidad federativa.

Quienes saben del tema suponen que fue una jugada política para calmar los ánimos exaltados del alcalde carmelita, quien había manifestado su inconformidad porque todo el aparato del Gobierno de la señora Sansores, estaba totalmente volcado en apoyo a la precampaña de Liz Hernández.

No había piso parejo, y por el contrario, hasta los simpatizantes y ‘operadores políticos’ de Pablito, estaban siendo presionados para que  se pronunciaran a favor de la titular de la Secretaría de Gobierno.

El acuerdo previo para que el edil Carmelo no se fuera por la libre,  era en el sentido de esperar la definición del género de la candidatura en Campeche: si era masculino, iba Pablo y si es mujer, la designada sería Liz.

Pero, se insiste, la gobernadora Sansores pecó de imprudente al volcar todo su apoyo a favor de Liz, por lo que Gutiérrez Lazarus se sintió desprotegido, abandonado y hasta traicionado.

Pero ya lo arroparon, le dieron un membrete sin peso ni valor alguno, pero que suena estridente, rimbombante y hace ruido para las aspiraciones del edil Carmelo. Y con eso lo dejaron contento, aplacando además la ira y la desesperación de los grupos radicales que lo apoyan y que estaban viendo cómo se iba al sumidero la inversión que habían canalizado para que Pablo pueda seguir repartiendo palanganas a discreción.

La realidad es que aún no se decide nada. Layda Sansores se sacó un as de la manga para distraer al verdadero enemigo a vencer de sus aspiraciones para perpetuarse en el cargo a través de una incondicional indiscutible.

Ella sabe que Pablo nunca va acatar ciegamente sus órdenes, por la sencilla razón de que él no obedece ciegamente a nadie. Había que aplacarlo un rato para evitar una diáspora o división interna que hundiera el barco morenista que sigue dando tumbos, porque su capitana cada vez es más repudiada por el pueblo.

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