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EXPEDIENTE | IRRITACIÓN SOCIAL AMENAZA LA GOBERNABILIDAD

Las manifestaciones, protestas y agresiones contra edificios públicos en Michoacán, tras el cobarde asesinato del presidente municipal de Uruapan, Carlos Alberto Manzo Rodríguez, han escalado a todo el país, y se está gestando un movimiento masivo que podría cimbrar la estabilidad que hasta el momento ha mostrado el Gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo.

Nadie desea ciertamente, que el país ingrese a una fase de rebelión social, con manifestaciones violentas y acciones de desorden público en todas las entidades federativas. Pero el hartazgo colectivo parece estarle ganando la batalla a la prudencia, y las secuelas de todo esto que está a punto de estallar no son previsibles.

Ha crecido en la sociedad nacional e internacional la percepción de que la delincuencia organizada es más fuerte que el Estado mexicano. Ya controla importantes y extensos territorios —Michoacán, Sinaloa, por mencionar dos ejemplos— y la ola de asesinatos, ejecuciones, secuestros y extorsiones es pan de todos los días en cada punto de la geografía nacional. Nadie se salva.

¿Cuáles han sido las acciones efectivas del Gobierno de la presidenta Sheinbaum para aplacar la situación? No se perciben con claridad. A pesar de su pregón optimista de que ha bajado la cifra de homicidios dolosos, o que se ha detenido a más delincuentes, o que ha incrementado el aseguramiento de enervantes, el pueblo se siente cada día más inseguro y el asesinato de Carlos Manzo provocó la erupción de esos sentimientos.

Junto con esta percepción de inseguridad que se pretende maquillar con cifras adulteradas, aumenta también la creencia popular de que hay personajes del Gobierno vinculados al narco, que les dan protección, o que se han asociado o que comparten ganancias. Los medios digitales han presentado evidencias de quiénes son esos nefastos personajes públicos encabezados por Adán Augusto López y Andy López, pero la respuesta gubernamental es la misma: son ataques de los adversarios, son reacciones de la derecha o son inventos de los conservadores.

Si queremos encontrar una de las causas del hartazgo social, esta es una de ellas: la indolencia con que se han recibido las pruebas de que hay gente del Gobierno vinculada a los capos, y el encubrimiento, protección o complicidad para con ellos. Y si hay algo que enerva a la gente es la impunidad.

Hay dos movimientos que han concitado la simpatía popular: el Movimiento de los Sombreros, y la Generación Z. Ya han convocado a marchas y rebeliones con masivas respuestas del pueblo. Están organizando una concentración nacional para el 15 de noviembre y las reacciones han sido ampliamente favorables.

¿Podría ser el inicio de una revolución social que pueda fracturar a este gobierno de la 4T que no ha cumplido con las expectativas? Puede ser.
Lo que es cierto, innegable y evidente es que los mexicanos no estamos dispuestos a vivir un futuro con violencia y narcogobiernos. Si la señora Sheinbaum no quiere que la señalen de proteger a la delincuencia organizada, deberá empezar con procesar a los que dentro de su Gobierno han sido evidenciados de estar aliados con narcotraficantes y huachicoleros. Además de Adán Augusto y Andy, hay otros señalados y corresponderá a ella decir qué procede, sin olvidarse del razonamiento principal de que es su cabeza la que está en juego.

Mirar a Campeche debería ser otra de las prioridades del Gobierno de la República. Tal vez sea de las pocas entidades que no se han contaminado totalmente de la delincuencia organizada. Pero lamentablemente hay indicios de que una buena parte de quienes deberían proporcionarnos seguridad, en realidad están trabajando para algunos de los carteles.

No se necesita llegar a los niveles de Michoacán, Sinaloa, Guerrero o Guanajuato, para que el Gobierno Federal decida impulsar acciones contundentes para atacar a la delincuencia organizada. Campeche es aún de los estados con menores índices delincuenciales, a pesar de que tenemos una de las corporaciones policiacas más ineptas y más corruptas. Por eso se debe tener mano dura contra ellos. Trátese de quien se trate.

Sin duda alguna que estas serán las banderas que los ciudadanos van a enarbolar en la marcha programada para el 15 de noviembre en el malecón de la ciudad. Será la demostración pública de que los campechanos también estamos hartos de este clima de inseguridad y de los vínculos de muchos gobernantes con los delincuentes. Y si estas manifestaciones masivas se replican en todo el país, cuidado. Son advertencias de que algo más grande podría ocurrir.
Seguiremos con el tema.

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