DESESPERACIÓN
La isla carmelita está al borde de la catástrofe, mientras su gobernadora se entretiene en jugar a su sucesión gubernamental, se pelea con sus adversarios políticos o se dedica a pasear y a derrochar…
Retumbó en el Senado de la República la voz desesperada de los empresarios carmelitas que están siendo víctimas de la irresponsabilidad administrativa de Petróleos Mexicanos (Pemex), al acumular pasivos por varios cientos de miles de millones de pesos, luego de tres años de ejercicios fiscales en que no les han pagado a sus proveedores.
Y como certeramente señalaron los dirigentes empresariales en el Senado de la República, esta crisis, este impago, esta irresponsabilidad por parte de la paraestatal más endeudada del mundo, no solo ha propiciado que entre 28 y 30 mil personas se hayan sumado a las filas del desempleo, y que decenas de negocios, como hoteles, restaurantes, comercios, lavanderías, etcétera cierren sus puertas, sino que el mantenimiento de las instalaciones petroleras se encuentren en riesgo de un desastre.
Es curioso que esta crisis energética que ha provocado el mayor daño a la economía carmelita en toda su historia, se haya agravado precisamente durante los años de la “cuarta transformación”.
Esa prédica de la soberanía energética, o de que Pemex es del pueblo, no ha pasado del mero discurso demagógico. En los hechos, en la realidad, el Gobierno de López Obrador y lo que lleva de la Administración de la señora Claudia Sheinbaum, han abandonado a su suerte a las instalaciones petroleras.
Los recortes a las acciones de mantenimiento, rehabilitación y modernización se realizaron de manera escandalosa al amparo de un discurso que decía combatir la corrupción, pero que en realidad solo cambiaron de padrón de proveedores. Generaron nuevos ricos, y sembraron miles de nuevos pobres en la isla.
Hace apenas unas semanas, un empresario tabasqueño, vinculado a la “familia feliz” que sigue manejando los recursos de Pemex, dio una demostración ostentosa, onerosa pero también insultante de los nuevos millonarios de la 4T que se pueden dar el lujo de gastar dos millones de dólares para festejar los 15 años de su hija, mientras en Ciudad del Carmen miles de familias sobreviven de la esperanza de que algún día Pemex salde su deuda con sus proveedores.
La isla carmelita está al borde de la catástrofe, mientras su gobernadora se entretiene en jugar a su sucesión gubernamental, se pelea con sus adversarios políticos o se dedica a pasear y a derrochar el escaso presupuesto con que se dispone.
Por eso fueron los empresarios carmelitas a la Ciudad de México a hacerse escuchar, porque aquí no los oyen; aquí no los atienden ni les interesa la grave crisis en que se encuentran.
Por cierto que en el senado de acompañó a esa comisión empresarial carmelita, ninguno de los legisladores federales de Morena. No pudieron recibir un desdén más insultante que esa indiferencia producto de la nula capacidad de gestión de esos mismos diputados federales y senadores guindas.
Que se tome nota de ese trato oprobioso, para las campañas que se avecinan.

