Opinión

AUSTERIDAD CUATROTERA

Quizá la que con mayor descaro se ha atrevido a desobedecer el llamado de la presidenta Sheinbaum a evitar lujos y ostentaciones, es la gobernadora de Campeche Layda Sansores.

Es paradójico que el partido que subió como la espuma entre la población con más necesidades, con su lema de “primero los pobres”, esté enfrascado, a siete años de asumir el control total del país, en discusiones bizantinas sobre cómo justificar la ostentación de sus riquezas.

Mientras que la presidenta Claudia Sheinbaum insiste en su llamado a vivir en la medianía Juarista, y convoca a sus correligionarios gobernantes a ejercer el poder con humildad y sencillez, el senador Gerardo Fernández Noroña presume su mansión de 12 millones de pesos, y justifica que lo compró con su sueldo y con un crédito hipotecario. Toda su vida anterior la había llevado de manera modesta, hasta que llegó al poder.

Entre tantas polémicas por los viajes de lujo de senadores, diputados, gobernadores y líderes partidistas, la presidenta nacional de Morena Luisa María Alcalde –quien ha sido exhibida también con nuevas y ostentosas propiedades inmobiliarias—llamó incluso a sus compañeros a “disimular” su riqueza, a esconderlo, y a aparentar que viven modestamente.

Nadie le hizo caso. Y quizá la que con mayor descaro se ha atrevido incluso a retarla con sus acciones que desobedecen abiertamente su llamado, es la gobernadora de Campeche Layda Sansores. No solo se fue de vacaciones a Europa en clase premier, sino que ha sacado sus trapitos más caros para lucirlos impúdicamente en medio de este falso debate sobre la austeridad marca 4T.

Durante la transmisión más reciente de su programa de los martes, Sansores San Román, lució un cinturón de la marca Christian Dior que cuesta 40 mil 616 pesos, el equivalente a cinco meses de trabajo de un campechano con salario mínimo.

También lució en los días previos un reloj de la marca Cartier valuado en 514 mil pesos, con los cuales se pudo haber distribuido más de un centenar de canastas básicas –cotizada cada una según la Profeco en 4,719 pesos–, para mitigar el hambre que aqueja a más de 406 mil campechanos enlistados en los parámetros de la pobreza y la pobreza extrema.

Entre sus prendas más modestas, la gobernadora Sansores lució igualmente un par de zapatos Luis Vuitton con valor de más de 24 mil pesos, que sin duda alguna ayudarían a dotar de medicinas a familias de escasos recursos que pernoctan en las inmediaciones del Hospital General de Especialidades de la capital.

Es claro y evidente que en los próximos días, la gobernadora Sansores seguirá exhibiendo más artículos de superlujo, pues lo suyo forma parte de una cruzada para contradecir el llamado a la austeridad de la presidenta Sheinbaum, a fin de demostrar que es una presidenta débil.

Y lo suyo también es ser fifí, amante del lujo y la ostentación. Así ha sido siempre. Nunca fue esa luchadora social de la que andaba disfrazada.

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