LA CLOACA DE LA POLÍTICA | 20 DE OCTUBRE DE 2026
Quizá si estuvieran aún en la oposición y si aún portaran sus rebozos de adelitas, Claudia y Layda habrían por lo menos escuchado esas voces que reclaman adecuados servicios médicos.
¿Hay o no medicamentos?
La gobernadora Layda Sansores sufrió otro momento incómodo ante la presidenta Claudia Sheinbauim, cuando un grupo numeroso de ciudadanos se acercó a la camioneta presidencial para reclamar la falta de abasto de medicamentos en los hospitales públicos.
“La gobernadora dice que el abasto es de más del 96 por ciento pero es mentira” gritaron adultos, jóvenes, ancianos y muchas mujeres que enfrentan problemas de cáncer, y quienes tienen que adquirir sus medicinas con su propio dinero, porque no hay abasto en el IMSS-Bienestar.
Así, una vez más, la señora Sansores es exhibida como lo que es: una mentirosa, una farsante, una política del siglo pasado que recurre a la demagogia para no quedar mal.
Lo peor es que se lleva entre las patas a la presidenta Sheinbaum, quien también ha presumido que sí hay abasto de medicinas, y que –según dijo en Ciudad del Carmen—el problema es la burocracia que no libera a tiempo las recetas. ¡Válgame!
La verdad es que tanto la señora Sheinbam como la gobernadora Sansores están entrampadas en el tema de la salud pública en general, una de cuyas vertientes, y quizá la más sensible, es la falta de abasto, equipos e insumos, y eso es lo que están pidiendo tanto los derechohabientes, como los médicos y enfermeras.
Pero ni la presidenta Sheinbaum ni la señora Sansores han hecho empatía con ese movimiento, con esa demanda legítima. Quizá si estuvieran aún en la oposición y si aún portaran sus rebozos de adelitas, habrían por lo menos escuchado esas voces que reclaman adecuados servicios médicos.
Ya no al nivel de Dinamarca, pero tampoco en la situación en que nos encontramos, en donde lo que prevalece es el discurso, o la versión gubernamental, que trata de aplastar con politiquerías esta realidad deprimente y dolorosa que padecen millones y millones de mexicanos que consultan en los hospitales públicos.
Y como si fuera una burla, la presidenta Sheinbaum vino a decir en Ciudad del Carmen que “me canso ganso que vamos a modernizar todo el sistema de salud”, como si tuviera necesidad de reafirmar su excesiva dependencia de la figura de López Obrador, al grado que hasta ya usa sus mismas palabras.
Ofreció la presidenta que van “a revisar las condiciones en las que operan hospitales y centros de salud, escuchar directamente a pacientes, médicos, enfermeras y personal administrativo, así como identificar las dificultades que impiden brindar servicios oportunos”.
¿Será? Porque hay millones de médicos, enfermeras y derechohabientes marchando por las calles, a quienes ha tratado con desdén y antipatía.
Lo novedoso de la gira presidencial por Ciudad del Carmen es que ya encontró un nuevo culpable de la crisis de salud: la burocracia. Prometió que va “evitar que la burocracia impida que los recursos, medicamentos y servicios lleguen oportunamente a quienes los necesitan”.
Huele a excusa y no a soluciones de fondo. Pero ese es el estilo de la 4T.

