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“PUBLICIDAD BARATA, BARA, BARA, YA LO VEO HASTA EN LA SOPA”: CIUDADANOS CUESTIONAN EL USO DEL GUINDA EN BOLEADORES DEL CENTRO

La estrategia de la Secretaría de Turismo de Campeche para uniformar a los boleros del centro histórico generó una reacción inmediata en redes sociales, donde usuarios expresaron molestia, burla y rechazo al considerar que la medida responde más a propaganda política que a una acción real de impulso turístico.

Un usuario escribió que el color guinda “ya lo ve hasta en la sopa”, en referencia a la saturación visual que, aseguró, invade cada vez más espacios públicos. En el mismo comentario, señaló que se trata de un tono poco adecuado para el clima de Campeche, ya que “da mucho calor”, y añadió que incluso dejó de usarlo porque de inmediato se asocia con Morena y provoca señalamientos.

Otro comentario fue más directo al calificar la estrategia como “publicidad barata, bara bara”, en alusión a lo que consideró una acción sin contenido ni resultados. En contraste irónico, un usuario ironizó al advertir que ahora sí Campeche debía “agarrarse”, porque llegarían millones de turistas, al grado de no haber suficientes camas para atender a tantos visitantes.

La burla continuó con otro comentario que, de manera sarcástica, aseguró que a partir de la entrega de los uniformes el turismo incrementaría un 70 por ciento y que la derrama económica sería de “alto nivel”, lo que evidenció la incredulidad frente a los beneficios anunciados o implícitos de la estrategia.

El trasfondo político fue señalado sin rodeos. Un usuario escribió que resulta obvio lo que está ocurriendo y que, de cualquier modo, “ganan a la buena o a la mala”, mientras otro afirmó que se trata “obviamente de propaganda electoral”, acompañado del cuestionamiento sobre cómo se justificará el gasto público destinado a esta acción.

También hubo comentarios que, aunque menos elaborados, expresaron rechazo frontal. Uno de ellos descalificó directamente los colores utilizados, mientras otro ironizó de nuevo sobre la falta de hoteles suficientes para recibir a los turistas que, según la burla, llegarían a Campeche únicamente para bolearse los zapatos.

Entre las pocas opiniones moderadas, un usuario señaló que “todo está bien”, excepto la imposición forzosa del color, al considerar innecesario ligar una acción turística a una identidad política específica.

Las reacciones reflejan un descontento generalizado y una percepción compartida: para muchos ciudadanos, la estrategia no impulsa el turismo ni dignifica el oficio de los boleros, sino que los convierte en vehículos visibles de una narrativa política que ya genera cansancio y desconfianza en el espacio público.

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