INDOLENTE MARCELA
Marcela es así: inhumana, indolente y con sororidad extraviada. Si no le dolió despedir injustamente a 60 mujeres valientes, menos le cuesta lastimar a una mujer que canta en la calle por su salud…
La señora Luz Domínguez es ampliamente conocida en la ciudad capital. Todo aquél que ha caminado el Centro Histórico, se ha topado necesariamente con ella.
Sentada en su silla de ruedas, con micrófono en mano y una bocina por compañía, todos los días interpreta canciones. Primero en las puertas de Banamex de donde fue removida por un prepotente, insensible e inhumano gerente local, y después en la esquina de las calles 10 por 53, enfrente de una empresa de hamburguesas.
Se gana así la vida para costear el tratamiento de su enfermedad pues padece cáncer. Ciertamente que cuenta con el apoyo de su familia –su esposo, sus hijas—pero ella no quiere ser una carga para nadie, y ha preferido ofrecer su voz para todo aquél que quiera escucharla, y recibir una moneda a cambio.
El 2025, fue un buen año para ella pues la promovieron para que dictara recitales o conciertos en reconocidos escenarios de la capital. El baluarte de San Francisco y el Centro Cultural el Claustro, por ejemplo. Su espectáculo denominado “Noches con Luz” fue a tal grado exitoso que tuvieron que programar varias presentaciones.
Pero después de eso, y sin dejarse deslumbrar por las candilejas, doña Luz regresó a su esquina. Fue cuando el desconsiderado gerente local de Banamex le pidió que “no perjudicara” el acceso de la gente a su banco, por lo que tuvo que moverse.
Hace unas horas, doña Luz enfrentó otro mal momento, cuando a raíz del “Paseo de Reyes”, llegaron varios policías a pedirle que se retirara, que porque “estorbaba a la movilidad de las personas”. Con el apoyo de la gente logró quedarse.
Pero este nuevo episodio muestra una vez más la doble cara de este Gobierno. Pues un día la encumbran como concertista, y al otro la rebajan a la categoría de limosnera. Que no lo es, ciertamente, pero así la hicieron sentir los enviados de la señora Marcela Muñoz.
No sabemos quién dio la orden de retirarla. Si fue Marcela, o alguno de sus subalternos foráneos, o simplemente los policías actuaron a motu proprio, aunque no extrañaría que haya sido la propia guanajuatense la que ordenó que se procediera como todos vimos en las redes sociales.
No extraña, porque Marcela es así: inhumana, indolente y con sororidad extraviada. Si no le dolió despedir injustamente a 60 mujeres valientes, y despojarlas de sus liquidaciones legales, de sus fondos de ahorro y de las pensiones para quienes ya lo merecían, menos le va importar que una mujer con cáncer terminal sea removida del punto desde donde obtiene unos cuantos pesos para costear su tratamiento médico.
Pero así, con su insensibilidad, su falta de sororidad y su eterna indolencia, Marcela quiere seguir desempeñando cargos públicos. Y se dice que le urge el fuero federal, porque se vienen contra ella muchas carpetas de investigación por corrupción y otros ilícitos. A ver si es cierto.

