EXPEDIENTE | LA 4T Y LAYDA CAUSAN LA DEBACLE DE CAMPECHE
La gobernadora Layda Sansores adelantó la posibilidad de que el recorte de las participaciones federales a Campeche sume tres mil millones de pesos en 2026, lo que según sus propias palabras, provocaría una “parálisis” financiera, una catástrofe, la debacle final para el desarrollo del Estado.
Y lo dijo sin que como siempre, de su boca brotaran anatemas, condenas, reclamos, reproches y acusaciones por el mal trato que la Administración federal nos prodiga. Por el contrario, mantiene los elogios desmedidos para con la presidenta Claudia Sheinbaum, pese a que ella está en la cabeza de la toma de las decisiones que nos van a lastimar tanto.
Es parte ciertamente de la incongruencia política de la mandataria campechana, de sus contradicciones y sus visiones sesgadas de la realidad, acusando a sus antecesores de haber dejado a nuestra entidad en el más completo abandono, pero olvidando que la llamada 4T lleva 7 años en el poder, que ella acumula más de cuatro años en el cargo, y que ni ella y su partido han empeorado el panorama que prevalece en nuestro Estado.
La realidad nos dice que esta catástrofe financiera que se avecina es solamente uno más de los problemas que tendremos que enfrentar y que nos ha causado esta fallida, nefasta y rapaz Administración estatal. Pero también hay graves, gravísimos problemas en seguridad.
Estamos en la quinta posición a nivel nacional entre los estados más seguros, pero con cifras maquilladas. Si se registraran y se reportaran todas las denuncias que la ciudadanía presenta en la Fiscalía General del Estado, la incidencia delictiva habría tenido un repunte considerable, y el Consejo Nacional del Sistema Nacional de Seguridad Pública ya nos tendría entre las entidades consideradas como “focos rojos”.
En los temas de salud y educación también andamos por los suelos. No hay medicinas en los hospitales, no hay quirófanos ni especialistas que puedan atender la demanda de servicios de la población derechohabiente. Y no se diga de los campechanos que carecen de seguridad social.
En el tema educativo, hemos perdido el rumbo. Las escuelas se encuentran en condiciones deplorables, se frenó la instalación de equipos de cómputo para que todos los planteles tengan internet, y los planteles de educación superior se convirtieron en centros de adoctrinamiento para nuevos prosélitos morenistas.
El discurso de la gobernadora para referirse a este rezago en todos los sectores es repetitivo y carente de propuestas para cambiar la situación. Dice que estamos “en el lugar 36 del PIB” pero no señala que eso es a causa de que la 4T desapareció los programas de apoyo a los sectores productivos, que no hay programas de comercialización de las cosechas de maíz, miel, mango, sandía, tomate, chile, sorgo y otros productos agropecuarios, por lo que los campesinos están en manos de los coyotes, quienes llevan a registrar esa producción a otros estados, Yucatán, principalmente, con lo que aportan al crecimiento del PIB de esas entidades.
Para justificar esta grave crisis, la gobernadora acusa “al pinche petróleo”, a la “formulita burra” y a los “misteriosos seres” que planean la asignación de las participaciones federales, pero no menciona el hecho de que esos personajes son de la 4T desde hace 7 años. Que han tenido la oportunidad de modificar esas fórmulas injustas, pero no lo han hecho.
¿Y por qué no lo han hecho? Porque la gobernadora no lo ha exigido. Porque los diputados federales y senadores de Morena no han querido, y porque la presidenta de la República —y su corrupto antecesor— tampoco quisieron. ¿Entonces de quién es la culpa?
Asidua a victimizarse, en lugar de defenderse y contratacar como acostumbra, Sansores San Román se lamenta de que “este año nos van a quitar casi 2 mil 200 millones de pesos o más, puede llegar a tres mil millones, y para nosotros que solo tenemos 6 mil millones de pesos para decidir, porque lo demás está atado a universidades, municipios, estaríamos trabajando con tres mil millones, con la mitad del presupuesto, a ver cuando todos empiecen a recibir la mitad para hacer el trabajo o la tarea, podríamos entrar en parálisis, eso es lo que no entienden porque era la necesidad de tener también deuda, una deuda muy razonable que nosotros podemos pagarla perfectamente”.
Presume que hay finanzas sanas, pero olvida recordar que lo que no hay es obra pública, programas sociales, apoyo a los sectores productivos y se jacta de una honestidad de la que carecen ella y todos sus colaboradores:
“Les llama la atención ver cómo un Estado tan modesto, puede tener finanzas tan sanas y hasta eso es nuestro orgullo: pobres pero dignos, bien organizados, bien disciplinados, no robamos, no gastamos más de lo que tenemos, lo que estamos pidiendo prestado es porque sabemos que podemos pagarlo”.
“Es necesario tener viviendas, que haya trabajo, que haya liquidez, ahora sí, Gobierno pobre pero pueblo rico, eso es lo que queremos, que cuando menos tengas para vivir ¿no? Así que ahí vamos, y vamos bien y me siento muy optimista”.
¿Por fin? ¿No estaba preocupada por la parálisis financiera que se avecina? ¿Cómo puede sentirse optimista ante el inminente recorte de 3 mil millones de pesos? ¿Cómo puede decir que vamos bien si estamos “en el lugar 36 del PIB”?
¡Qué inconsciencia! ¡Qué irresponsabilidad!
Y sí, estamos jodidos, pero nadie está contento, y mucho menos por tener una gobernadora tan mediocre, que se alegra y dice que vamos bien, pese a que los indicadores señalan todo lo contrario.

