EXPEDIENTE | EL TRENAZO DE OAXACA DESCARRILÓ A LA 4T
¿Fue casualidad que el mismo día, y casi a la misma hora del descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca con saldo de 13 muertos y más de 30 hospitalizados, el expresidente Andrés Manuel López Obrador decidiera “revelar” que se encontraba de vacaciones en San Lorenzo, la playa exclusiva de la familia Sansores?
¿Fue un distractor, o simplemente el anuncio de que estaría blindado para cualquier intento de entrevista sobre ese “evento ferroviario” que vino a desnudar la terrible corrupción que imperó en su Gobierno y en que participaron sus hijos, particularmente en la construcción de los trenes Maya e Interoceánico del Istmo de Tehuantepec?
Porque lo cierto, lo que ya resulta innegable, es que ese accidente no solo sacó de las vías férreas a varios vagones donde viajaban más de 200 pasajeros, 13 de los cuales perdieron la vida entre los fierros retorcidos, sino que también descarrilló a toda la 4T y sus prédicas de honestidad, modernidad y transformación.
Porque ¿cómo pueden presumir modernización o transformación del sistema ferroviario, cuando traen vagones de más de 60 años de antigüedad? ¿Cómo pueden hablar de honestidad, cuando presumen como nuevo —y lo cobran como tal— puro material reciclado que trajeron de Inglaterra y de Estados Unidos?
Por eso los ideólogos de la 4T en estar espantados. Y en su desesperación, invocan a sus eternos fantasmas del pasado, inventan sabotajes de sus enemigos políticos, incurren en el chantaje sentimental al repudiar que se publiquen los rostros de las víctimas, y se victimizan con supuestas campañas de linchamiento por parte de lo que ellos llaman “carroñeros”.
Están apanicados. Este “evento ferroviario” llevó a la tumba a 13 compatriotas que se creyeron sus cuentos de “modernidad” y los ha desnudado por completo. O más, bien, ha permitido a los mexicanos acumular más pruebas de la monumental corrupción que acompañó a las “obras insignia” del rapaz expresidente López Obrador.
Al lado del Tren Maya viajaban los hijos del expresidente. Junto al Tren Interoceánico estaban ellos como asesores y detrás de la Refinería Olmeca maniobraban lo mismo Gonzalo Alfonso, que José Ramón y hasta el mismísimo Andrés Manuel López Beltrán, éste último considerado el “político” de la familia, y por eso es que lo mandaron a controlar a la dirigencia nacional de Morena.
Se ha derrumbado el mito del Andrés Manuel López Obrador honesto hasta la médula de los huesos que nunca usó a las instituciones públicas para enriquecerse o enriquecer a su familia. Hoy, las fotos de sus hijos en viajes de placer, en tiendas ostentosas y en restaurantes carísimos, son una bofetada escandalosa para su falsa honestidad.
Circula en redes sociales el video donde del propio López Obrador confiesa con una desfachatez asombrosa, que su hijo Gonzalo Alfonso, “Bobby” López Beltrán, estaba involucrado como “asesor” o “supervisor” en la construcción del Tren Interoceánico. Eso bastó para que se abrieran las puertas a un negocio que les dejó a los socios o prestanombres de los López Beltrán, varios cientos de millones de pesos. A cambio, claro, de la mala calidad de los trabajos que se realizaron.
Es cierto, el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec es un proyecto estratégico y algunos dicen que hasta neurálgico, pues conecta el Atlántico y el Pacífico en el tramo más estrecho del país. Compite con el Canal de Panamá y ofrece una ruta logística alternativa para el comercio global entre Asia, Estados Unidos y Europa.
Se trata pues, de una obra buena, y lo perverso del asunto es que bajo ese disfraz de “proyecto histórico”, “tren del progreso” o proyecto estratégico que iba a generar miles de empleos, así como una derrama de miles de millones de dólares, se haya convertido en una oportunidad para que los juniors del expresidente amasaran una cuantiosa fortuna que ahora les permite vivir como jeques árabes.
A disgusto de la presidenta Sheinbaum, habrá que advertirle que se seguirá hablando de este tema. Si la Presidencia de la república y todo el régimen de la 4T se entercan en esconder las verdaderas causas del descarrilamiento, y se niegan a investigar toda la podredumbre que hay debajo de la construcción de ese y otros proyectos del expresidente López Obrador, el pueblo mexicano, los analistas políticos y los medios independientes, seguiremos denunciando complicidad.
No se puede esconder bajo la alfombra todo el lodo de corrupción que existió en el Gobierno de López Obrador. Ya no hay espacio, vaya, para acumular más basura. El pueblo mexicano exige explicaciones e investigaciones imparciales, objetivas y especializadas, para sancionar con todo el rigor a quienes, en la cima del poder y desde el cinismo y la impunidad se vanagloriaban de que “cuando el tren se descarrile, ya será otro pedo”.
Eso ya no puede permitirse.

