FACTOR DE PUDRICIÓN…
La gobernadora de Campeche se ha convertido en un peligro para “el movimiento”, como le llaman a la continuación de la 4T en el Gobierno.
No le gusta a la gobernadora Layda Sansores que se le acuse de persecución política. No le agradó en absoluto que el diputado federal Ricardo Monreal (a quien ella despectivamente apoda “Monry”) le haya enviado un exhorto al orden y a la mesura, y mucho menos acepta las críticas que los medios de información le estuvieron enviando toda la semana anterior.
En lugar de encontrar en su interior las causas de la debacle de su Gobierno, Sansores San Román prefiere distribuir culpas: que si Alito tiene metidas las manos, que si los medios de información independientes publican mentiras, o que si Movimiento Ciudadano y Eliseo convencieron a Antonio Jiménez de “traicionarla”, etcétera.
Y hay que detenernos un instante para revisar ese concepto tan peculiar que tienen los laydistas-morenistas de la lealtad o, en su oposición, de lo que consideran como “traición”.
Para el laydismo, lealtad es igual a sumisión, a servilismo, a obediencia ciega, a abyección. Quien tiene criterio propio y es capaz de comprobar que Layda está equivocada, se pasa inmediatamente a la fila de los traidores y los desleales.
Por eso se encuentran en esa lista recientemente Antonio Jiménez y los diez diputados que lo respaldan, el rector José Abud, el exdiputado federal José Luis Flores Pacheco, el secretario de movimientos sociales del CEN de Morena, Manuel Zavala, y tantos más que se atrevieron a decirle que no está bien, que abusa de su poder o que con sus excesos, está poniendo en riesgo “el movimiento”
Y sí.
Es Layda Sansores la que desde siempre ha sido el factor de división. La que ha creado los conflictos, la que se ha enemistado con todos, y la que no escucha las observaciones o consejos de sus colaboradores.
Por eso es que la gobernadora de Campeche se ha convertido en un peligro para “el movimiento”, como le llaman a la continuación de la 4T en el Gobierno. En Campeche, por lo pronto, ha propiciado la casi segura derrota en la gubernatura. Y no exageramos si le adelantamos una verdadera catástrofe electoral.
Lo saben en la Ciudad de México y es un tema de análisis en Palacio Nacional.
Si la manzana está podrida, lo más sano y conveniente es hacer a un lado a ese factor de pudrición.
Y no estamos hablando exactamente de manzanas.

