LA ANARQUÍA
Es quizá la primera vez que este Gobierno admite con todas sus letras que hay una “crisis interna”, aunque acusa de esa situación a los diputados a quienes el propio Gobierno llama “traidores”.
Conforme pasan los días, las semanas y estos últimos meses que le quedan a la gobernadora Layda Sansores en el ejercicio del poder, la situación política en el Estado de Campeche se deteriora más y más.
Y no. Lamentablemente no se trata de “inventos” o exageraciones de sus adversarios políticos, de “la derecha”, de “los medios de Alito” o de los “periodistas chayoteros” como acostumbra el Gobierno excusarse. Son hechos que se suceden uno tras otro, y cada vez con mayor gravedad.
Esta semana se ha hablado de una “grave crisis política” en la entidad; se hace referencia al rompimiento entre la gobernadora y un grupo de diputados de Morena –la mayoría de los que integran esa bancada, para ser precisos—que ponen en riesgo la gobernabilidad.
En su afán de minimizar siempre los problemas, y de acusar a los otros de causarlos y magnificarlos, el Gobierno difundió ayer una carta aclaratoria en que niega que haya enfrentamientos. Y textualmente señala:
“En Campeche no hay persecución política. Hay una crisis interna provocada por decisiones legislativas excluyentes, una ruptura de confianza y un debate legítimo sobre el rumbo institucional del Congreso”.
Es quizá la primera vez que este Gobierno admite con todas sus letras que hay una “crisis interna” y aunque lo matiza acusando a los diputados rebeldes de ser excluyentes, y de incluso, ordenar que no les paguen sus apoyos de gestión a los del otro bando, el mero reconocimiento de que existe el problema, pudiera ser un gran avance.
La etimología de la palabra crisis hace referencia a separación, a ruptura, a un “cambio profundo con resultado incierto”, y eso es lo que realmente está ocurriendo no solo en el Poder Legislativo, sino en todo el Gobierno de la señora Layda Sansores.
Siendo benévolos, pudiéramos conformarnos con la aceptación de que nos encontramos en esa “crisis interna” que admite el Gobierno de la señora Sansores, pero si fuéramos estrictos, hablaríamos de anarquía, que se define como la ausencia del poder público, como la pérdida de control y de rumbo en los destinos de un Estado.
Y así andamos en Campeche. Extraviados. Con un Gobierno fallido que en lugar de trabajar para darle resultados al pueblo en acciones, obras públicas, programas sociales, apoyos productivos, mejoría de la calidad de vida, etcétera, apostó mejor por el conflicto político y se enemistó con todos. Opositores, periodistas críticos, activistas sociales, académicos, líderes de los diferentes sectores, etcétera.
Para colmo, perdió incluso esas batallas, y hoy se encuentra sin rumbo ni aliados, con una gobernadora que es ampliamente repudiada por el pueblo y con una Administración que da más señales de ineficiencia y de corrupción, que de resultados a favor del pueblo.
Y la culpable de todo este desastre tiene nombre y apellido: se llama Layda Sansores San Román. Y se dice que ya agotó la paciencia de quienes hasta hoy la han protegido en el ámbito federal. Así que puede haber sorpresas…

