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OPINIÓN: CAMPECHE: EL LABORATORIO DEL AUTORITARISMO. Por: Enrique Arellano

En Campeche, la libertad de expresión no está en crisis: está secuestrada. El gobierno de Layda Sansores ha convertido al Estado en un instrumento de persecución, donde informar, opinar o criticar al poder puede costar la libertad, el patrimonio o el exilio del debate público.

Aquí no se gobierna con leyes, sino con escarmientos. Periodistas encarcelados, medios acosados judicialmente, campañas de linchamiento desde el micrófono oficial y embargos selectivos contra la oposición forman parte de una estrategia clara: callar por miedo. No es justicia, es advertencia. No es legalidad, es venganza política.

Mientras la gobernadora se asume como jueza, fiscal y verdugo desde la tribuna, el discurso de austeridad y combate a la corrupción se derrite frente a los señalamientos que rodean a Marcela Muñoz, secretaria de Seguridad Pública, acusada de enriquecerse mientras se administra la represión con recursos públicos. En Campeche, el dinero fluye hacia el poder y la censura cae sobre la sociedad.

Lo que ocurre no es un exceso, es un modelo de control: silenciar a la prensa, aplastar a la oposición y gobernar sin rendir cuentas. Cuando un gobierno encarcela periodistas y confisca bienes para evitar la crítica, deja de ser un gobierno democrático y se transforma en un régimen autoritario con barniz institucional.

Campeche hoy es una advertencia nacional. Porque cuando el silencio se impone desde el poder, la democracia no se debilita: se extingue.

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