SHEINBAUM Y LAYDA VENDIERON PROSPERIDAD, PERO DEJARON FUERA A LAS COMUNIDADES; DIERON LA ESPALDA A ARTESANOS, PRESTADORES DE SERVICIOS Y PEQUEÑOS EMPRESARIOS
Calakmul.- La promesa fue clara: el Tren Maya traería turismo, empleo y derrama directa para las comunidades de Calakmul. Sin embargo, la realidad que hoy denuncian prestadores de servicios, guías, artesanos y pequeños empresarios es distinta: el turismo comunitario quedó desplazado, los beneficios no llegaron a los poblados y el nuevo modelo favoreció infraestructura gubernamental que compite con ventaja frente a quienes durante décadas sostuvieron la actividad en la selva.

Tras décadas de esfuerzo y trabajo sostenido, los prestadores de servicios de Calakmul aseguran que no fueron tomados en cuenta en el nuevo modelo turístico; por el contrario, denuncian haber sido desplazados por proyectos impulsados con todo el poder y los recursos del Estado.
Más de diez comunidades resultaron afectadas, junto con cientos de familias que, desde la década de 1990, comenzaron a construir un proyecto de turismo comunitario con apoyo de organizaciones no gubernamentales. Hoy, el gobierno, con todo su poder político y económico, les da la espalda.
A través de sus redes sociales, Carlos Vidal relató su vivencia:
“De 30 años de trabajo comunitario, y esto no lo leo, lo viví; fui testigo de ese nacimiento y crecimiento por más de 20 años. Yo fui de los que los convencía de abandonar áreas de trabajo agrícola para proteger el vasto patrimonio cultural en esta área de Campeche… y ahora, si los veo, aún no sé qué les diré, pero espero que aún queden luces de esperanza, que al Estado mexicano y a sus autoridades les quede algo de pudor y preserven el derecho de las comunidades, que tanto se menciona en la narrativa política diaria de México.
El Tren Maya trajo un transporte moderno que no les ayuda a transportarse; en muy pocos meses se llevó sus sueños y más de 30 años de trabajo. Un tren que en el siglo XX traía esperanzas, hoy se llevó estas, en una zona que no tiene muchas alternativas económicas y donde más de 500 mil hectáreas están decretadas como reserva natural.”
En Calakmul no se habla de un simple retraso ni de ajustes normales de obra. Se habla de engaño. Durante años se pidió a las comunidades cuidar la reserva, frenar actividades tradicionales y apostar por el turismo de bajo impacto como vía de supervivencia. Lo hicieron con recursos propios, sin agua potable ni servicios completos, levantando cabañas, palapas y espacios para visitantes. Cuando llegó el megaproyecto, el discurso oficial volvió a prometer prosperidad, pero el dinero, la promoción y la visibilidad se concentraron en instalaciones del propio gobierno.
La molestia crece porque el Hotel Mundo Maya Calakmul, promovido por el gobierno federal y operado por una estructura empresarial militar, se construyó en una zona donde durante años se impusieron restricciones severas a los habitantes. De acuerdo con información oficial, el complejo cuenta con 144 habitaciones y servicios turísticos de alta escala dentro del entorno de la reserva. Al mismo tiempo, reportes y denuncias locales señalan que este hotel concentró la atención en plataformas y rutas turísticas, dejando a los negocios comunitarios sin flujo suficiente de visitantes.
El impacto económico ya tiene nombre en la zona: desplome. El 21 de marzo de 2026 se reportó que, desde la entrada en operación del hotel en diciembre de 2024, la ocupación hotelera local cayó de 47.8 por ciento en 2023 a 1.3 por ciento a mediados de 2025, según denuncias de emprendedores turísticos de Calakmul. Este dato refleja la magnitud del golpe para las comunidades que esperaban ser integradas al desarrollo.
La inconformidad también evidencia una contradicción de fondo. A las comunidades se les exigió durante décadas respetar un modelo estricto de conservación en la Reserva de la Biosfera de Calakmul; sin embargo, la construcción del hotel dentro de esta área generó cuestionamientos nacionales e internacionales. En abril de 2024, la revista Proceso reportó que la UNESCO solicitó información a México por la obra en la reserva, ante posibles violaciones al decreto de protección.
Así, la narrativa de bienestar de Claudia Sheinbaum y Layda Sansores San Román contrasta con las denuncias de Calakmul. Donde se ofreció desarrollo compartido, las comunidades acusan exclusión; donde se habló de justicia para el sureste, se señala competencia desigual; y donde se prometió que el turismo sería motor para los pobladores, los beneficios quedaron concentrados en infraestructura oficial.
El testimonio de quienes acompañaron el surgimiento del modelo comunitario muestra una ruptura profunda entre las decisiones institucionales y los procesos locales. Lo que durante años fue presentado como ejemplo de conservación y desarrollo sustentable, hoy es visto como un proyecto desplazado por intereses del gobierno morenista.


