EXPEDIENTE | ALERTA LA IGLESIA: HAY VIOLENCIA Y MIEDO
Bastó un párrafo del Mensaje de Navidad que envió la Diócesis de Campeche a sus feligreses, para derrumbar toda la narrativa gubernamental, respecto a que Campeche sigue siendo uno de los estados más seguros del país.
“No podemos cerrar los ojos ante la realidad que nos duele. Vivimos tiempos difíciles, marcados por heridas de violencia, inseguridad y miedo. Por eso, desde el pesebre, elevamos nuestra súplica que el niño Jesús traiga paz a nuestros hogares, a nuestras comunidades y a nuestra tierra; que sane los corazones heridos, convierta la violencia en diálogo y nos haga constructores de paz, empezando por lo cotidiano, por lo pequeño, por lo cercano”.
Debe leerse con todas sus letras el mensaje del Administrador Diocesano, presbítero Marcos Rubén Cohuó Muñoz: “No podemos cerrar los ojos ante la realidad que nos duele…marcada por heridas de violencia, inseguridad y miedo”.
Sería recomendable que la gobernadora Layda Sansores entendiera lo que este mensaje le quiere decir: que deje de engañarse, y que deje de engañar a los campechanos. Porque el crecimiento de la inseguridad es innegable, y esa sensación de miedo a que se refiere la Diócesis de Campeche, la confirma la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2025 (Envipe), que asegura que casi el 70 por ciento de la población percibe que aumentó la inseguridad.
A tono con este mismo pronunciamiento del sacerdote Cohuó Muñoz, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) sostuvo hace apenas dos semanas que “en el país se está viviendo un deterioro constante ante el aumento de la inseguridad”.
Con la voz firme del presidente de la CEM y obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, tras concluir la Asamblea CXIX de los prelados mexicanos, aseguraron que “la violencia que enfrentan miles de familias no coincide con los reportes gubernamentales u oficiales que hablan de reducciones en los delitos de alto impacto”.
Sostienen además que “el clima de agresiones, intimidaciones y desapariciones muestra una crisis más profunda que la que reflejan los indicadores oficiales. Impunidad, extorsiones y desconfianza social, son los principales problemas de México”.
Ante esta visión homogénea de la Diócesis campechana con la que vislumbran el resto de los obispos del país, el Gobierno de la señora Sansores vuelve a sufrir un contundente desmentido a su narrativa de que “son los chayoteros” los que insisten en decir que hay más inseguridad, o los misóginos que no quieren a Marcela.
La realidad, lamentablemente es otra, y así lo perciben todos los campechanos, incluyendo la Iglesia, cuyos sacerdotes, distribuidos en toda la geografía estatal, han sido víctimas de esa incidencia delictiva que las autoridades, encabezadas por Marcela Muñoz, ha dejado crecer. Imagínense que hasta un ladronzuelo se atrevió a entrar a la iglesia de Bosques a robarle su bolso a una anciana.
Y si ya ni en la iglesia estamos seguros, ¿qué ocurrirá en esas zonas consideradas como focos rojos? Son áreas donde nunca se observa circular a una patrulla, y en donde de manera periódica llegan elementos uniformados a visitar algunos centros de distribución, para cobrar la “protección” que reciben.
Eso lo sabe la gente, no lo inventamos nosotros. Lo han denunciado la iglesia y los párrocos que han sufrido robos de sus ornamentos y reliquias religiosas en el interior de sus templos.
Por eso, no se equivocó el informe de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENVIPE) que destacó que la percepción de inseguridad en el municipio de Campeche, la ciudad más importante del Estado y con mayor número de habitantes, registró un incremento de 23.3 por ciento.
¿Por qué esta percepción ciudadana no coincide con las cifras oficiales que envía el Gobierno de Campeche al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública? Porque son datos maquillados para reducir de manera ficticia la incidencia delictiva en Campeche.
Sin embargo, los delitos sí se cometen. La ciudadanía sí se ve afectada en sus derechos y en su seguridad, y es por eso que la percepción generalizada es de que la gobernadora Layda Sansores miente, pues se basa en estadísticas manipuladas para sostener que seguimos entre los estados más seguros del país.
“No podemos cerrar los ojos ante la realidad que nos duele…marcada por heridas de violencia, inseguridad y miedo” dice la Iglesia de Campeche con valentía. Ojalá que la gobernadora abra los ojos y deje a un lado el cinismo.
