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EN LAS TRIPAS DEL JAGUAR: 14 DE FEBRERO DE 2026

SANSORISMO: ENDEUDAMIENTO Y CONFRONTACIÓN.

En su columna “Los abusos y el desgaste”, Raymundo Riva Palacio analiza cómo los casos de soberbia, arrogancia y privilegios de Layda Sansores, Clara Brugada y Andrea Chávez han erosionado a Morena y lo han hundido en el desprecio y el descrédito. Veamos qué dice de la octogenaria mandataria:

“Nada como el caso de la gobernadora de Campeche Layda Sansores, el más corrosivo de todos, no por su estridencia, sino porque gobierna como si Morena fuera un adversario más. La fractura de su propio grupo parlamentario, el uso político del aparato del Estado y la normalización del conflicto permanente, han convertido a Campeche en un laboratorio del desgaste interno. Sansores no sólo confronta a la oposición, sino a su partido, a la prensa, a la crítica y, en el proceso, convierte a Morena en rehén de su estilo personal.”

Riva Palacio sostiene que “Sansores es el caso más grave de la última semana… por un estilo de gobierno que ha fracturado a Morena desde dentro. Conflictos con su propia bancada, endeudamiento opaco, confrontación permanente y el uso de herramientas legales como armas políticas. Campeche se ha convertido en el nido de algo que Morena decía no ser: autoritarismo envuelto en retórica de justicia. Ahí el daño no es simbólico; es estructural.”

AUTORITARISMO DE LAYDA IMPACTA A MORENA.

Raymundo Riva Palacio deja claro que el principal problema que carga Morena son sus figuras polémicas, como Layda Sansores, pues su ostentación, prepotencia, abusos de poder y exceso de privilegios contrastan con su pregón de que son moralmente distintos.

“Morena no enfrenta hoy su principal desgaste en la acera de enfrente. El mayor daño se lo están provocando sus propios cuadros, con actos y declaraciones que no sólo erosionan la narrativa de superioridad moral, sino que exhiben algo más delicado: la pérdida de disciplina política y de conciencia del poder que ejercen. Se está desgastando sola, desde dentro, por una combinación peligrosa de soberbia, falta de contención política y un protagonismo personal que ya no distingue entre el proyecto y el ego.”

Nos comentan nuestros informantes que, cansada de escándalos en Campeche, Claudia Sheinbaum regañó a Layda Sansores y le advirtió que no quería escuchar ya nada de su gobierno. Con el rabo entre las patas, la tía regresó a disfrazarse de Rambo para checar el dragado de Carmen y a hablar maravillas de la presidente en su Jaguar. ¿Cuánto tiempo más le durará esa serenidad y paciencia?

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