Opinión

LA LECCIÓN DE ABUD

No vivimos en un auténtico Estado de Derecho, sino en un cacicazgo, en una dictadura en donde solo se impone lo que decida la gobernadora Sansores, sin importar el marco legal…

Concluyó oficialmente el exrector José Alberto Abud Flores su proceso penal, luego de que la jueza Guadalupe Martínez Taboada otorgó la Suspensión Condicional del Proceso (SCP) que solicitó la defensa; se espera que en seis meses se cumplan con las condicionantes a fin de que la carpeta judicial sea archivada y toda acción penal iniciada en su contra cese.

Aparentemente fue una victoria para el rector, pero no puede afirmarse que haya sido una derrota para la gobernadora Sansores, porque ésta se salió con la suya al destituirlo de manera arbitraria, e imponer en su lugar a una incondicional del régimen: la notaria Fanny Maldonado Guillermo, quien, fiel a la consigna recibida, ya puso el campus universitario a disposición del “ideólogo” de la 4T, Esteban Hinojosa Rebolledo, secretario del Bienestar y aspirante a la alcaldía por Morena.

No obstante este “empate técnico” entre el rector y la gobernadora, hay una enseñanza que nos deja el “Caso Abud” y que es como una especie de espada de Damocles que pende sobre la cabeza de todos los funcionarios incómodos, sean del partido que sean: si no se alinean y no acatan los caprichos de la señora Sansores, pueden ser detenidos, encarcelados y destituidos, mientras “se virigua” qué es lo que realmente pasó.

Por cierto que esa frase, “Jusílalos, luego viriguas”, se le atribuye a Doroteo Arango o Pancho Villa, uno de los caudillos de la revolución. Así trataba a sus adversarios. Los eliminaba, para evitar riesgos.

Tal vez por eso, porque esta espada de Damocles en realidad amenaza a todos los campechanos, es que el exrector dejó su consejo al retirarse de la Sala de Juicios Orales: “cuídense unos a otros, porque nadie está exento de sufrir algo así”.

Y sí, esto que el rector definió como una “pesadilla doblemente amarga” (su detención y encarcelamiento por 72 horas, así como su injusta defenestración ) es algo que a cualquiera de nosotros le puede pasar, porque vivimos en un Estado represor, con un Gobierno que censura, que persigue, que acosa, que utiliza a sus instituciones –fiscalías general y anticorrupción, juzgados civiles y penales, Comisión de Derechos Humanos, Cotaipec, etcétera), no para servir proteger al ciudadano, sino para satisfacer los deseos de venganza de la gobernadora.

Finalmente, esta es la lección de Abud: no vivimos en un auténtico Estado de Derecho, sino en un cacicazgo, en una dictadura en donde solo se impone lo que decida la gobernadora Sansores, sin importar el marco legal.

Porque al doctor Abud nunca le pudieron demostrar que le incautaron droga, o que la supuesta cocaína que se presentó como evidencia estaba en su vehículo, o peor aún, que fuera de su propiedad o que lo consumiera. Todo el procedimiento estuvo viciado, nunca se probaron las acusaciones en su contra, por lo que el proceso penal debió ser desechado desde su inicio.

Pero no. La gobernadora quería exhibirlo y destituirlo, y se salió con la suya. Por eso, dice el exrector: “cuidaos los unos a los otros”.

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