EL TESTAMENTO DE JUAN CARNAVAL
En el último día de las festividades carnestolendas, los amigos de tertulia del Parque Principal rememoraron algunas de nuestras tradiciones que se han ido perdiendo.
Don Julián y sus amigos de tertulia rememoraban en su banca del Parque Principal aquellos años del Martes de Pintadera cuando no podías circular por las calles después de las 12 del mediodía y hasta las seis de la tarde, porque te exponías a un ataque de las hordas que recorrían la ciudad pintarrajeando a todo los que encontraran a su paso, sin importar estatus social, cargo político, edad, tamaño o color. A todos se pintaba por igual.
–“¡Cómo no recordar también los toldos que se convertían en centros de convivencia familiar y vecinal, y en donde mágicamente no ingresaban a hacer sus desmanes los jovenzuelos que juagaban a la pintadera, rememoró don Memín! Había comida, bebida y música para bailar hasta que el cuerpo aguante” rememoró.
–“Son tradiciones que se han perdido lamentablemente y que sin duda le ponían saborcito especial a estas festividades carnestolendas”, apuntó a su vez doña Chela.
–“Yo quisiera rescatar la tradición del “Testamente de Juan Carnaval” que antes se leía al finalizar los festejos de la carne señaló el poeta Casimiro. Admito que tuve que autocensurarme en algunos párrafos, porque ahora los políticos tienen la piel muy sensible y por cualquier excusa re quieren demandar por daño moral, incitación al odio o violencia política en razón de género, así que este es el testamento en cuestión:
Terminaron los festejos
de Carnaval y Alegría
de buena nueva les dejo:
ya pronto se irá la Tía.
Les heredo mi paciencia
para sortear vendavales
del Gobierno de apariencia
que ha dejado tantos males.
La verdad brille cual faro
que alumbre a los olvidados
y les concedan amparos
a todos los diputados.
No pierda su autonomía
que la UACAM hoy brinda
ni los obligue la Tía
a repintarse de guinda.
La paz y la prosperidad
crezcan tanto como flores
y la familia Sansores
termine su impunidad.
Ella presume un legado
Que es pura imaginación
pues ha sumido al Estado
en más pobreza y corrupción.

